
A lo largo de los últimos años, desde que comenzó el proceso secesionista, la cantidad de estupideces que hemos escuchado a los diferentes líderes independentistas ha sido un no parar. Tantas, que cada una solo dura en la memoria unas horas, hasta que llega la siguiente, que acostumbra a superar a la anterior.
Pero la última ocurrencia del consejero de Interior de la Generalitat, Miquel Buch, ha dejado el listón muy alto. Que el máximo responsable de la seguridad del gobierno autonómico, en medio de la peor emergencia sanitaria del último siglo, diga chorradas así demuestra que no se puede caer más bajo.
En medio de una tragedia que ha costado la vida a miles de catalanes, en parte por la nefasta gestión de los partidos que malgobiernan la Generalitat, Buch ha perpetrado unas declaraciones que rozan la estupidez, a cuenta de las mascarillas que ha entregado el Gobierno de España para ser repartidas entre la población.
«Se nos han entregado 1.714.000 mascarillas, una cifra simbólica y nefasta para Cataluña, si la próxima cifra tiene que ver con 1939, no se lo permitiremos. Con la historia de los catalanes no se juega».
Buch hacía referencia a 1714, cuando las tropas borbónicas, durante la Guerra de Sucesión tomaron Barcelona, y que se ha convertido en una fecha fetiche del independentismo catalán.
Que Buch se ponga a trabajar y se deje de paridas que lo único que hacen es desmoralizar a una población que necesita confiar en sus gobernantes, y no sentir vergüenza ajena.
Comentario editorial de elCatalán.es
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