Coronavirus. ¡Pero qué película nos están contando!

Uno ve los informativos de televisión y todas grandes cadenas son clónicas. No están realmente informando, están dando una imagen absolutamente edulcorada de lo que está pasando. Nadie habla en serio de la irresponsabilidad, la pasividad, la imprevisión y la incapacidad de un gobierno que ha facilitado que se llegará a la dramática situación actual. La cruda realidad es que España, a pesar de algunas falsedades que nos pretenden vender, es el país con más casos por millón de habitantes y con la mayor tasa de mortalidad del mundo.

Nuestro cada vez más apesebrado sistema mediático está intentando convertir la trágica y descomunal crisis, humana y económica del coronavirus, en un relato buenista, donde las autoridades sanitarias nos hablan fundamentalmente de “picos” “curvas” y “desescalamientos”, nos repiten un día y el siguiente que están apunto de llegar millones de mascarillas, de test rápidos (fiables), de respiradores…

Nos hablan de lo buenos que somos y lo bien que lo hacemos y mientras se destroza el país y se acumulan muertos y más muertos, ya vamos camino (según datos oficiales) de los 17.000 fallecidos, aunque se desconoce el número real (se estima que pueden ser casi el doble), supongo que más pronto o más tarde se sabrá. Muertos que se acumulan en tanatorios y en morgues improvisadas, donde no pueden ser despedidos ni por sus familiares.

Hay que ver como están acabando miles y miles de ancianos que pasaron por una dura posguerra, pero con gran esfuerzo y sacrificio supieron levantar nuestro país. No están respetando ni a los vivos ni a los muertos, pero en especial sobre estos últimos se corre un tupido velo.

Nos ofrecen, eso sí, gente aplaudiendo en los balcones, niños saludando cariñosamente a sus abuelos, a ciudadanos convertidos en “diyéis” que ponen “solidariamente”música a tope a sus vecinos, a guardias municipales cantando el cumpleaños feliz delante de algunas viviendas, a policías multando a insolidarios ciudadanos que van en bicicleta o pululan por la calle más de la cuenta, a reconocidos cantantes o en busca de reconocimiento ofreciendo sus canciones desde su casa vía “skype”, los más ingeniosos o graciosos “memes” o nos muestran historias de personas que nos dan ánimos y nos hablan de esperanza y superación. Hemos podido ver también la entrevista del mismo sanitario y del mismo psicólogo (ambos podemitas), en todas las televisiones culpando al PP por unos supuestos recortes o a VOX por existir. Y si aparece alguna imagen de fallecidos, estos son de EE.UU., Ecuador o Italia.

En propaganda hay que reconocer que sí son especialistas. Está claro que la gran mayoría de medios de comunicación están ya absolutamente teledirigidos o supeditados al poder de turno para granjearse, así, unas migajas en forma de subvenciones. Y así, el presidente Sánchez, en sus soporíferas comparecencias, donde no hay la más mínima autocrítica, faltaría más, no tiene ningún empacho en presentarse como el mandatario que mejor está gestionando la crisis en Europa y en mundo.

Al menos, desde principios de enero sabíamos que existía un riesgo claro de pandemia por coronavirus, pero no se tomó preventivamente ninguna medida. Nos dijeron entonces, banalizando absolutamente los peligros del virus, que era como una gripe común. El 31 de enero el gran experto del Gobierno nos decía: “España no va a tener más allá de algún caso diagnosticado”.

Y el 8 de marzo, con el virus en plena expansión, animaban a las mujeres a acudir masivamente a la manifestación feminista al grito de “Mata más el machismo que el coronavirus” aunque una de las organizadoras en la cabecera repetía: “¡Qué no se besa, qué no se besa!”. Diez días antes la OMS calificaba al coronavirus como una “emergencia de salud pública internacional”. Y hasta el 9 de marzo llegaban a nuestro país vuelos desde el norte de Italia sin que los pasajeros pasaran por ningún tipo de control especial.

Hay que recordar que durante semanas se envió a miles de sanitarios y a los integrantes de las fuerzas de seguridad a luchar contra la enfermedad sin los medios de protección adecuados (muchos sanitarios improvisaron bolsas de basura como protección). España es el país que proporcionalmente más sanitarios tiene afectados por el coronavirus. Me decía ayer una amiga farmacéutica que el Gobierno se está desentendiendo de las farmacias, cuando se han convertido en primera línea defensiva en la lucha contra el coronavirus, mientras los datos de farmacéuticos, contagiados, ingresados y fallecidos no dejan de crecer. Por no hablar del incalificable drama que se está viviendo en muchas Residencias o de los ancianos que están muriendo solos y abandonados en sus domicilios.

La gestión del Gobierno de España poco tienen que ver con la llevada a cabo, por ejemplo, en Corea del Sur, Taiwán o Singapur, que supieron actuar rápida y certeramente evitando así la extensión de la pandemia . O en Hungría, Polonia, Grecia, y Portugal que con un sistema sanitario inferior al nuestro, también se han mostrado más eficaces para controlar la extensión y las trágicas consecuencias del virus. Allí se anticiparon y aplicaron medidas antes que aquí.

Y mientras el Gobierno de Sánchez y sus medios de comunicación afines (la mayoría), se han cebado con la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, cuya gestión está siendo más que estimable, no he oído ni una sola palabra de crítica ante la nefasta gestión y las humillaciones de los separatistas del Govern de la Generalitat. Los nacionalistas, a pesar de la brutal magnitud de la tragedia, siguen en su línea habitual, anteponiendo su ideología y su racismo a la solución de los problemas e intentan aprovechar esta terrible crisis de forma miserable, para intensificar su campaña contra España.

Primero, Puigdemont convocando irresponsablemente a decenas de miles de personas al aquelarre separatista de Perpiñán, cuando ya sabían que el virus era extremadamente contagioso. Luego, Torra mintiendo en la BBC y rechazando el envío de militares a Cataluña para desinfectar instalaciones o montar hospitales de campaña. Hemos visto incluso como algún concejal de la CUP pedía en redes sociales “toser en la cara” a los militares de la UME.

Han llegado a burlarse de los fallecidos de Madrid como la exconsellera de Ensenyament y eurodiputada Clara Ponsatí con su infame “De Madrid al cielo” retuiteado por Carles Puigdemont. La pasada semana, el director de la residencia Nostrallar gestionada por la Fundació Catalana de Suport a la Gent en Els Pallaresos (Tarragonès), donde han fallecido 16 ancianos rechazaba la intervención de la UME para desinfectar las instalaciones Y podríamos seguir y seguir… Sin ir más lejos Meritxell Budó, la fanática consejera de Presidencia y portavoz de la Generalitat, decía hace unos días en un tuit: “Els 14 milions de mascaretes que hem comprat el @govern son quirúrgiques R2, i no FFP2. Disculpeu l’error”. No saben ni que tipo de mascarillas han comprado.

En fin, más allá de que todo esto se parece cada vez más a una novela de Stephen King, lo cierto es que nos están intentando contar una película sensiblera y buenista que poco tiene ver con la realidad. Nos intentan vender una mula ciega y algunos partidos de la oposición, tal vez de buena fe, parecen dispuestos a comprarla. ¡Ah! y lo que Sánchez llama un nuevo “Pacto de la Moncloa” no me parece otra cosa que propaganda y el cebo de un tahúr para engañar a quien se deje engañar.

Salvador Caamaño Morado

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