Hace ahora noventa años una espantosa guerra civil tuvo lugar en España. Causó miles de muertos, arruinó el país y llevó a mucha gente al exilio (ya desde el inicio de la guerra). Son muchos los historiadores que han documentado los crímenes y las atrocidades que se cometieron en ambos bandos. En los dos hubo gente heroica y gente despiadada. Pero resulta ofensivo comprobar cómo, con una gran aquiescencia, sobre todo al albur de la nefasta Ley de Memoria Histórica de Zapatero (2007) y, posteriormente, con la Ley de Memoria Democrática de Pedro Sánchez y Bildu, se pretende reescribir la historia y se impone, por parte de izquierdistas, separatistas, presuntos progresistas y muchos antifranquistas sobrevenidos, un determinado relato marcado por el sectarismo y la dialéctica maniquea del blanco o negro, donde, desde su presunta superioridad moral, los republicanos del Frente Popular serían «los buenos» y los franquistas «los malos, muy malos».
En Cataluña, de la terrible represión que se vivió en la retaguardia republicana presidida por Lluís Companys, muy poco saben hoy los ciudadanos en general y los más jóvenes en particular, pues sobre el asunto desde hace décadas se ha corrido un tupido velo. Aquí, a través de mociones, exposiciones, conferencias, documentales, reportajes y artículos en prensa, no se para de repetir lo terrible que fue la represión franquista mientras se oculta sistemáticamente la terrible represión producida por parte del republicano Front Popular. Dada la enorme amplitud del tema y las limitaciones del espacio, haré un esbozo de lo sucedido, especialmente en Tarragona (mi ciudad), como muestra.

¿Sabían que en la Cataluña republicana presidida por Lluís Companys entre 1936 y 1939, según Paul Preston (historiador poco sospechoso de ser profranquista), las personas asesinadas en la retaguardia por el Front Popular fueron 8.352, muchas más que las producidas por la posterior represión franquista? ¿Sabían que, dentro de los asesinados en Cataluña, 2.437 eran religiosos (entre ellos, cuatro obispos) y que se destruyeron o profanaron casi 4.000 edificios religiosos? ¿Sabían que en la Archidiócesis de Lérida fueron asesinados 270 clérigos y un obispo (un 65 % del total), y en la de Tortosa, 316 religiosos (el 62 %), mientras que en el resto de Cataluña rondaron el 30 %, los porcentajes más altos de toda España?
¿Sabían que el 21 de julio de 1936, por iniciativa de Companys, se creó el Comité Central de Milicias Antifascistas, donde estaban representadas todas las organizaciones del Front Popular (CNT-FAI, UGT, ERC, PSUC, POUM…) y sus respectivos comités locales, que serían los responsables de la inmensa mayoría de los crímenes y de la barbarie producida?
¿Sabían que Joan García Oliver (natural de Reus, líder de la CNT-FAI, consejero de la Generalitat y ministro con Largo Caballero, al que ahora quieren dedicar una calle en Reus), en Radio Barcelona arengaba a las masas diciendo: «¡Matad, destruid, incendiad! (…) ¡Hay que destruir la Iglesia!»; y que en un boletín informativo de la CNT-FAI (20-8-1936) se decía: «Los templos han sido pasto de las llamas, y los cuerpos eclesiásticos que no han podido escapar, el pueblo ha dado buena cuenta de ellos»?
¿O que el vendrellense Andreu Nin (del POUM y conseller de Justicia de la Generalitat) dijo: «Hemos resuelto el problema de la Iglesia (…) hemos suprimido sus sacerdotes, las iglesias y el culto»? ¿O que el propio Companys, al ser preguntado por el periódico francés L’Œuvre (21-6-1936) sobre una hipotética restauración del culto católico en Cataluña, diría: «¡Oh, ese problema no se nos plantea siquiera, porque todas las iglesias han sido destruidas!»?
¿Conocen ustedes los innumerables crímenes y las atrocidades que cometieron en Tarragona, entre julio de 1936 y mayo de 1937, las patrullas de la FAI y de las JJ. LL., comandadas por el siniestro Josep Recasens Oliva, «El Sec de la Matinada», y por los cuatro hermanos Ferré Pla («germans Barres»), todos ellos despiadados asesinos que, durante casi un año, actuaron como los auténticos «dueños y señores» de la ciudad, siendo sus múltiples crímenes conocidos, tolerados y justificados por el resto de organizaciones del Front Popular? ¿Conocen ustedes las atrocidades y los cerca de 250 asesinatos cometidos por un tal Pascual Fresquet Llopis, el sanguinario jefe de la autodenominada «Brigada de la Mort», compuesta por 40 milicianos de la FAI de Hospitalet, que, envenenados de odio, llevaron durante el verano del 36 el terror y la muerte a todas las poblaciones de la Terra Alta por las que pasaron (Gandesa, Falset, Bot, Flix, Ascó, Ribarroja, Batea, Caspe…), donde miembros de los denominados Comités Antifeixistes locales les facilitaban las listas con las personas a las que debían eliminar?
¿Conocen la multitud de crímenes cometidos por milicianos del Front Popular en Solivella, La Fatarella, Vilalba dels Arcs, Reus, Tortosa, El Vendrell, Valls, Calafell, Horta, Montblanc, Constantí y, en la práctica totalidad de los pueblos de la provincia? ¿Sabían que el médico forense de Tarragona, el Dr. Josep M.ª Vives Salas, fue detenido en su casa en la madrugada del 27 de julio por una patrulla de milicianos y que, cerca de la actual plaza Imperial Tarraco, maniatado, lo rociaron de gasolina y lo quemaron vivo? ¿O que ese mismo día era detenido, por una patrulla de milicianos, el destacadísimo arquitecto modernista de Reus Pere Caselles Tarrats, en el mas que poseía cerca de Reus y, conducido a un barranco cercano, fue asesinado de varios disparos en la cabeza por el mero hecho de ser de derechas?
¿Sabían que el 23 de julio de 1936 asesinaron a sangre fría a mossèn Lluís Janer delante de su casa, en la plaza del Fòrum, y lo tiraron encima de unos escombros gritando: «Ya se lo llevará el carro de la basura»? ¿Sabían que, después de un intento fallido de extorsión económica por parte de unos milicianos anarquistas, asesinaron al abogado Francesc Yxart i Moragas, que había sido alcalde de Tarragona? ¿Sabían que al obispo auxiliar de Tarragona, D. Manuel Borrás Ferré (natural de La Canonja), prisionero en la cárcel de Montblanc junto al cardenal Vidal i Barraquer (al que Companys, a petición del conseller Ventura Gassol, ordenó liberar), una patrulla de milicianos lo sacó de la prisión y, en el Coll de Lilla, lo asesinó disparándole a quemarropa y, aún vivo, le prendió fuego? ¿O que a Josep Escoda Llavería, comerciante de derechas de L’Ametlla de Mar, cuando lo trasladaban de la estación de Tarragona a la prisión de Pilats, al pasar por el emblemático Balcón del Mediterráneo decidieron acabar con él por la vía rápida, despeñándolo desde una altura de casi 30 metros?
¿Sabían que un grupo de milicianos intentó dinamitar el fantástico monumento romano del Arco de Bará, causándole importantes daños? ¿Sabían que al hermano de La Salle Manuel Barbal (Sant Jaume Hilari), el Tribunal Popular de Tarragona, compuesto por miembros de ERC, POUM, CNT, FAI, PSUC, UGT, ACR y UdR, lo condenó a muerte y lo fusiló (de una forma increíble) en la montaña de la Oliva «porque sabía latín y enseñaba religión a los niños», sin que el Govern de la Generalitat, a petición de su abogado, quisiera conmutarle la pena de muerte?
¿Sabían que los sangrientos enfrentamientos producidos entre las propias organizaciones del Front Popular, conocidos como los «Fets de Maig de 1937», provocaron en Barcelona y Tarragona, según cifras oficiales, 400 muertos y más de mil heridos? ¿Sabían que en Tarragona, además de la cárcel de Pilats, se habilitaron varios barcos como prisión, entre ellos el «Río Segre», que llegó a alojar a más de 300 prisioneros, los cuales sobrevivían en condiciones infrahumanas y de los que la gran mayoría acabó siendo fusilada mediante el método de las denominadas «sacas»? ¿Sabían que en los primeros meses de 1938 la República creó siete terribles campos de concentración en Cataluña, dos de ellos en Tarragona (Falset y Hospitalet de l’Infant), diseñados y controlados por el SIM (Servicio de Inteligencia Militar), dirigido por agentes estalinistas que reprodujeron el «gulag» soviético? Seguramente no lo sabían o tenían una idea confusa.
La historia, por dura que sea, hay que contarla completa, sin ocultaciones, sin tergiversaciones, sin prejuicios y sin propaganda, que es la más poderosa arma política para imponer la mentira. Pero me temo que en Cataluña nadie tiene intención de hacerlo. Al contrario, profesores y pseudohistoriadores seguirán con sus ocultaciones y sus manipulaciones, alimentando el victimismo, el separatismo y el discurso del odio contra España.
Salvador Caamaño Morado (autor del libro «Tarragona 1936. Terror en la retaguardia»)
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