Xavier Trias, por sus propios errores, perdió la oportunidad de tener un largo reinado como alcalde de Barcelona. Tras 32 años de gobierno de los socialistas catalanes con sus socios de Iniciativa, CiU consiguió en el 2011 la vara de mando. Generalmente lo que cuesta en unas municipales es llegar a la alcaldía, pero una vez se consigue es relativamente fácil reeditar el mandato, salvo en casos excepcionales.
Pero a los barceloneses no les gustó ser segundo plato de nadie. Y Trias se dedicó más a ejercer de escudero de Artur Mas en su deriva secesionista que en gestionar eficazmente la ciudad, y le costó la alcaldía. Tras perder la vara, hizo una oposición lamentable a Ada Colau y se acabó retirando de la política.
Que Trias ahora se plantee volver indica el nivel de desastre en el que está la neoconvergencia. Que la gran esperanza para Barcelona, por parte de Junts, sea un ex alcalde desprestigiado que puso Barcelona al servicio del procés, con escenas tan lamentables como la de centenares de alcaldes separatistas blandiendo sus varas como si fueran garrotes en la plaza de Sant Jaume, indica que la política catalana ha tocado fondo.
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