La vocación suicida del PSC o cómo el ‘efecto Espadaler’ reedita el ‘efecto Nadal’

Miquel Iceta (PSC) y Oriol Molins, el presidente de Units per Avançar, la formación heredera de Unió Democràtica

Tenía a Miquel Iceta como una de las cabezas mejores amuebladas de la política catalana. Tras la decisión suicida de incorporar a ex miembros de Unió Democràtica en la lista socialista, siendo Ramon Espadaler uno de los nombres más citados para ocupar un puesto destacado, he de reconocer que estaba muy equivocado.

El PSC está aquejado por un extraño síndrome que le lleva a autolesionarse una y otra vez. Y cada vez que parece que va a resurgir y a salir del pozo, le da por darse cabezazos contra la pared hasta que sangra a borbotones.

Escenario a 8 de noviembre de 2017. Podemos en plena guerra civil en toda España. Podem desangrándose tras la dimisión – expulsión – auto de fe de Albano Dante Fachín. Ada Colau empeñada en ser más secesionista que Anna Gabriel. Ni una sola encuesta da buenos resultados a los ‘comuns’, que son sobrepasados ampliamente por el PSC en todos los sondeos. Dos manifestaciones multitudinarias de carácter constitucionalista, con centenares de miles de votantes de barrios populares deseosos de dar apoyo a un partido de izquierdas que combata ideológicamente al nacionalismo. Los ‘comuns’ no fueron a ninguna de las dos. El PSC sí, la primera con Salvador Illa, su ‘número dos’ al frente y la segunda con toda la plana mayor, encabezados por Miquel Iceta. Francisco Frutos, ex secretario general del ¡PCE! reprochando desde la tribuna de la concentración del 29-O a los ‘comuns’ que habían renunciado a liderar a la izquierda no nacionalista. El PSC sí estaba allí. Josep Borrell, que para todo el universo, menos para buena parte del PSC, es socialista catalán, fue uno de los oradores más aplaudidos en las dos manifestaciones.

En resumen: todo el electorado de izquierdas no nacionalista, el de los barrios populares de las grandes urbes catalanas, el voto que hizo hegemónico al PSC durante décadas en esas capas, volvía a estar a su alcance ante los errores, dudas y purgas internas de los ‘comuns’ y Podemos que, recordemos, les dieron un baño a los socialistas en las dos últimas elecciones generales. Porque sigue existiendo un amplio sector de la ciudadanía que quiere hablar de temas sociales, y no de secesionismo y que quiere trabajar con el resto de españoles para mejorar el país.

¿Y cómo va a convencer el PSC a ese amplísimo electorado de izquierdas, de los barrios populares de las grandes ciudades, que han de olvidarse de Ada Colau, de Xavier Domènech y de Pablo Iglesias y apostar por las candidaturas del puño y la rosa? ¿Cuál es el gran argumento que les ofrece Miquel Iceta a partir del 8 de noviembre de 2017?

Exacto, lo han adivinado. Les va a seducir con Ramon Espadaler y otros alegres chicos y chicas del antiguo partido de Josep Antoni Duran i Lleida. Los que defienden la segregación por sexo en los colegios, los ‘business friendly’, el sector derechista de la coalición que gobernó Cataluña durante décadas y construyó TV3, el adoctrinamiento escolar, unos Mossos d’Esquadra repletos de mandos políticos que han olvidado lo que es ser un policía (algo de responsabilidad tendría Espadaler al respecto) y se hinchó de subvencionar a la ANC y a Òmnium.

¿Recuerdan el ‘efecto Nadal’? En 1995 el PSC, para conquistar el voto nacionalista moderado y “ampliar” su electorado apostó por Joaquim Nadal como candidato a la presidencia de la Generalitat. Raimon Obiols les parecía poco “catalanista” y recurrieron al entonces alcalde de Gerona. Lo llamaron el ‘efecto Nadal’ porque estaban seguros que este candidato conseguiría el salto electoral para ampliar horizontes y poner en peligro la hegemonía que en la Generalitat detentaba Jordi Pujol.

¿Saben cómo acabó el ‘efecto Nadal’? Efectivamente, mejoraron sus resultados en la provincia de Girona, y los socialistas pasaron de cuatro a cinco diputados. Lástima que perdieran escaños en las otras tres circunscripciones, y pasaron de cuarenta a treinta y cuatro parlamentarios. Eso es lo que va a sufrir el PSC el 21 de diciembre. Por cada voto que le pueda venir de Unió, dejará de ganar media docena de sufragios que podrían venir de los ‘comuns’ si hubieran apostado por un programa de izquierdas y se les irán otros dos de los que todavía les prestaban apoyo que no entenderán que hacen los de Duran i Lleida en la lista del PSC. Por mucho que pongan a un par de ex comunistas en las listas para disimular este giro a la derecha, no va a colar.

Miquel Iceta acaba de resucitar a los ‘comuns’. Eso sí, podrá presumir que reeditó el pacto socialista-democristiano de Ángel Merkel a la catalana. Aunque le costara al PSC la hegemonía en el campo de la izquierda.

Y nos empeñamos en olvidar que para ganar la batalla a los secesionistas el constitucionalismo ha de crecer en el ámbito de la izquierda. Teníamos al PSC para conseguirlo, pero los socialistas se han empeñado en intentar ampliar su electorado por otro sector. Mientras el nacionalismo y el protonacionalismo de los ‘comuns’ tengan la hegemonía en ese sector del electorado no conseguiremos vencer el desafío independentista.

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