El PSC ha decidido cerrar filas sin fisuras con Ferraz en el momento más delicado para las siglas socialistas. La acumulación de escándalos judiciales que cercan al entorno del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha encendido las alarmas en el cuartel general de los socialistas catalanes. Ante este escenario, la consigna es clara: resistencia numantina y repliegue identitario para frenar el desgaste electoral.
Si ayer fue el presidente del grupo socialista en el Parlament, Ferran Pedret, el que tiró de victimismo, hoy le ha tocado el turno al presidente de la Generalitat y primer secretario del PSC, Salvador Illa, que asumió el papel de parachoques. Durante su intervención en la Fiesta de la Rosa de Tarragona, celebrada en Constantí, Illa intentó insuflar una dosis de autoestima a una militancia visiblemente desconcertada. El líder catalán optó por obviar la gravedad de las investigaciones y centró su discurso en la emotividad.
La cita política estuvo marcada por la reciente entrada de la Guardia Civil en la sede del PSOE. El registro, enmarcado en la investigación sobre el caso Plus Ultra que afecta al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, ha supuesto un duro golpe simbólico para la formación. Lejos de la autocrítica, el socialismo catalán ha preferido denunciar una supuesta campaña de acoso externo.
Claves del discurso de Illa:
Reconocimiento de una «semana compleja» por los golpes judiciales.
Apelación a la «presunción de inocencia» como escudo político.
Reivindicación de Sánchez como «referente moral» en Europa.
Illa admitió ante los suyos que la organización viene de encajar una semana «intensa y compleja». El president lamentó haber escuchado críticas severas que, a su juicio, solo buscaban dañar las siglas del partido. Para contrarrestar la presión mediática y judicial, el mandatario catalán instó a las bases a refugiarse en las esencias fundacionales de la organización.
En su argumentación, el primer secretario del PSC exigió respeto absoluto para el Estado de derecho y la presunción de inocencia. Sin embargo, este reclamo choca con la habitual severidad que el bloque de la izquierda aplica cuando los escándalos afectan a sus adversarios políticos. Illa advirtió que los socialistas no se van a rendir ni a doblegar ante las adversidades.
Para desviar la atención de los juzgados, el president exhibió la gestión económica y social del Ejecutivo central. Según su diagnóstico, existe una notable mejora en la seguridad y la convivencia ciudadana que resulta indiscutible. El líder catalán llegó a asegurar que aquellos que no perciben estos avances sufren de ceguera política.
El momento más llamativo de la jornada llegó cuando Illa elevó el tono de la apología partidista. El president definió al socialismo como un «referente moral y de dignidad» en la política contemporánea. Esta contundente afirmación incluyó una defensa explícita de Pedro Sánchez, a quien situó como un modelo a seguir tanto en España como en Europa.
El broche final del mitin consistió en una calculada invocación al zapaterismo. Aunque evitó pronunciar el nombre del expresidente investigado, Illa lanzó un saludo explícito hacia su figura. El líder del PSC recuperó la conocida fórmula del talante para definir la acción de gobierno del antiguo inquilino de La Moncloa.
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