Los progresistas tenemos el deber moral de luchar por el progreso especialmente cuando el progreso está en peligro.
Hoy me dirijo a la militancia del @PSOE, os pido convicción, valentía y determinación para seguir avanzando juntos y juntas.https://t.co/Cficg5HpZ4
— Pedro Sánchez (@sanchezcastejon) January 4, 2026
Pedro Sánchez ha vuelto a recurrir a la epístola para marcar el paso de su partido. En una carta dirigida a los militantes del PSOE, el líder socialista reafirma su intención de agotar la legislatura a cualquier precio. Su mensaje es claro: no piensa «tirar la toalla» a pesar del desgaste evidente.
El texto llega en un momento de máxima vulnerabilidad para el Ejecutivo. Tras meses de turbulencias que han hecho mella en las filas socialistas, Sánchez intenta frenar el desánimo interno. Para ello, apela a un «espíritu combativo» que parece más una consigna de supervivencia que un proyecto de país.
Llama la atención el vacío narrativo sobre los temas que realmente preocupan a la opinión pública. En su misiva, no existe ni una sola mención a los recientes escándalos de presunta corrupción que cercan al entorno de la Moncloa. El presidente prefiere el silencio cómplice antes que dar explicaciones sobre la integridad de su gestión.
Tampoco hay rastro de autocrítica respecto a los casos de acoso sexual que han sacudido las estructuras de la izquierda. Sánchez despacha la realidad con una huida hacia adelante, centrando su discurso en la ideología y no en la ética. El «coraje» que pide a los suyos parece consistir en mirar hacia otro lado.
El presidente reconoce que parte del electorado progresista se ha dejado llevar por la «nostalgia y la derrota». Es un diagnóstico revelador de la fractura social que ha generado su política de pactos. Sin embargo, en lugar de rectificar, insiste en que el deber es mantener la firmeza frente a las dificultades.
El victimismo vuelve a ser el eje central de su argumentario político. Sánchez acusa a la «coalición PP-VOX» de sobrepasar los límites de la democracia para derribar a su Gobierno. Es el lenguaje habitual de la polarización: señalar enemigos externos para ocultar las carencias propias y los problemas judiciales.
En su intento de movilizar a las bases, promete que el año 2026 estará cargado de «nuevas políticas». No obstante, no detalla cómo piensa aprobar leyes con un bloque de investidura cada vez más fragmentado y exigente. La ambición que pregona choca frontalmente con la parálisis legislativa que vive España.
El tono de la carta busca inyectar una energía que el Gobierno parece haber perdido en la gestión diaria. Al culpar a los «cómplices» de la derecha, Sánchez intenta cerrar filas y evitar fugas de agua en un barco que navega a la deriva. La estrategia es clara: resistir es la única prioridad política.
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