La contundente intervención de Estados Unidos en Venezuela ha provocado un seísmo cuyas réplicas han llegado con fuerza a la política catalana. La detención de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero ha servido para evidenciar las profundas grietas que dividen al espectro independentista. Mientras el mundo procesa el fin del régimen chavista, en Cataluña se libra una batalla por el relato de la libertad y el orden internacional.
Aliança Catalana, la formación de Sílvia Orriols que amenaza la hegemonía de Junts, no ha tardado en cerrar filas con Donald Trump. Su posicionamiento es una enmienda a la totalidad de la diplomacia de salón que suele practicar la izquierda y el nacionalismo tradicional. Para Orriols, la caída del «socialista» Maduro es una victoria necesaria que debería extenderse a otros regímenes totalitarios como Cuba o Irán.
Esta claridad de ideas contrasta con la calculada ambigüedad mostrada por los de Carles Puigdemont. Junts per Catalunya emitió un comunicado donde, pese a reconocer la falta de legitimidad de Maduro, se escudaba en el «derecho internacional» para cuestionar la acción estadounidense. Es la enésima pirueta de un partido que intenta no incomodar a sus aliados de la izquierda progresista mientras ve cómo su flanco derecho se desmorona.
Desde Aliança Catalana han sido implacables al denunciar que los posconvergentes se han puesto «de perfil» en un momento histórico, tal y cómo ha recogido ‘The Objective’. Acusan a Junts de hacerle el juego a las tesis de la izquierda española, más preocupada por las formas jurídicas que por la liberación efectiva de un pueblo oprimido. Esta diferenciación estratégica en política exterior busca captar al votante cansado de retóricas vacías y partidario de la firmeza occidental.
El impacto de las encuestas añade presión a esta disputa por el voto nacionalista de centro-derecha. Aliança Catalana está en auge precisamente por explotar temas que Junts prefiere evitar para mantener su delicado equilibrio en Madrid. El apoyo explícito a la administración Trump sitúa a la formación de Orriols en una órbita política muy alejada del consenso «woke» que domina el panorama mediático catalán.
Mientras el separatismo de izquierdas, como ERC, tilda a Trump de «peligro para la democracia», Aliança ve en el presidente norteamericano un modelo de acción directa. El debate ya no es solo sobre Venezuela, sino sobre qué valores debe defender una futura Cataluña.
Resulta irónico que quienes reclaman unilateralidad en Cataluña se escandalicen por la unilateralidad ajena cuando esta sirve para derrocar a un tirano. El comunicado de Junts, apelando a una ONU que ha demostrado su incapacidad sistemática para resolver crisis, suena a excusa para no elegir bando. Aliança Catalana ha sabido leer este cansancio ciudadano y lo ha transformado en un activo electoral muy potente.
La captura del dictador venezolano abre además una vía de incertidumbre para el Gobierno de Pedro Sánchez, cuyas conexiones con el chavismo siempre han estado bajo sospecha. En el entorno político catalán se especula con que la caída de Maduro pueda revelar secretos incómodos para el socialismo español. Este temor explica, en parte, la frialdad de los partidos que sostienen al Ejecutivo central ante la noticia.
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