La prensa oficialista de Venezuela ha encontrado un aliado inesperado en el Palacio de la Moncloa. El régimen de Nicolás Maduro celebra estos días el posicionamiento de Pedro Sánchez frente a la operación de Estados Unidos. El presidente español ha decidido desmarcarse de Washington para situar a España junto a los gobiernos de corte izquierdista en Iberoamérica.
El diario Últimas Noticias, principal órgano de propaganda del chavismo, ha elogiado abiertamente la actitud del Ejecutivo español. Los medios del régimen festejan que España rechace lo que consideran una «agresión» perpetrada por Donald Trump. Esta sintonía mediática refuerza la narrativa de Maduro sobre una supuesta legalidad internacional que lo ampara frente a la intervención exterior.
La postura de Pedro Sánchez no ha sido aislada, sino que se ha materializado en un comunicado conjunto. España ha estampado su firma junto a países como Brasil, Colombia, México, Chile y Uruguay. El documento expresa un rechazo frontal a las acciones militares ejecutadas unilateralmente por las fuerzas estadounidenses en territorio venezolano.
Esta alianza sitúa a España en un bloque que prioriza la soberanía del dictador sobre la liberación del pueblo venezolano. El comunicado sostiene que la captura de Maduro vulnera los principios fundamentales del Derecho Internacional. Según los firmantes, el uso de la fuerza y la amenaza militar contra el Palacio de Miraflores son inaceptables bajo cualquier pretexto.
El texto suscrito por el Ejecutivo socialista recalca la importancia de respetar la integridad territorial de los Estados. Para Moncloa, la operación de captura contraviene la prohibición del uso de la fuerza recogida en la Carta de las Naciones Unidas. Esta argumentación jurídica sirve de escudo para un régimen que ha sido denunciado sistemáticamente por violar los derechos humanos.
Internamente, el chavismo utiliza este apoyo diplomático para proyectar una imagen de fortaleza y respaldo exterior. La prensa gubernamental venezolana difunde que cuentan con «grandes apoyos» en Europa gracias a la gestión de Sánchez. Esta lectura facilita que la dictadura mantenga su discurso de resistencia frente a lo que denominan «imperialismo yanqui».
Es llamativo que España se coordine con los líderes más afines al bolivarianismo, como Gustavo Petro o Lula da Silva. Al unirse a este eje, el Gobierno español rompe la tradicional unidad de acción con sus socios occidentales más cercanos. La decisión de priorizar este comunicado conjunto deja a nuestro país en una posición comprometida ante la administración estadounidense.
El alineamiento de España con los países del Grupo de Puebla en este asunto refleja un giro evidente en la política exterior. En lugar de liderar la exigencia de una transición democrática real, el Gobierno parece más cómodo en la retórica de la «no injerencia». Esta pasividad diplomática es recibida con alivio en Caracas, donde los jerarcas del régimen se sienten protegidos por el paraguas español.
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