El resultado de tantos años de nacionalismo, degenerado en separatismo, ha sido la legitimación de la violencia de cualquier tipo como consecuencia de una política continuada de inoculación de odio hacia todo aquello que no representara los valores de la recta senda ideológica en Cataluña. Más concretamente, hacia todo aquello que pudiera relacionarse con España, con los español o, simplemente, no encajara en las directrices nacionalistas.
Los episodios de violencia no son nuevos, se llevan practicando desde hace muchos años, señalamientos, tanto en público como en privado, pintadas en viviendas, en coches, acoso en los trabajos, en los colegios, coacción, faltas de respeto, ostracismo social y, por supuesto, agresiones físicas, verbales o emocionales a todo aquel que tenga el valor de manifestar su disidencia. Todo ello, en muchas ocasiones, ante el atento silencio de la población, aquella que dice que no quiere posicionarse, pero que su silencio ya les posiciona.
En los últimos tiempos las acciones violentas parece que se han legitimado. Los separatistas radicales, en ese falso papel de víctimas, ven aceptable la agresión a los que piensan diferente. Una violencia que no es más que la manifestación de la falta de libertad en la que vivimos los catalanes desde hace décadas, falta de libertad para pensar, para opinar, para elegir libremente…
En Cataluña, la libertad se diluyó hace tiempo, cuando perdimos la verdadera identidad, la plural y cosmopolita, para cambiarla por una identidad impuesta e impostada. Labor de unos políticos que ni aman la tierra ni aman a los catalanes, pues nada limita más que la imposición. Sin embargo, nada mejor que llevar al pueblo por el camino marcado, sin salirse de su ruta, sin problemas, ni quejidos.
Ahora estamos ante un periodo electoral, un momento perfecto para poder reclamar la libertad perdida. Aquella libertad de poder opinar sin coacciones, sin prejuicios, la de poder expresarnos en la lengua que deseemos libremente, la de poder pensar y manifestar lo que queramos aunque se salga de la doctrina.
Es el momento de que vuelva la Cataluña plural, tolerante, la de la convivencia, la de la libertad. Una Cataluña de todos y para todos, donde nadie se sienta excluido por pensar en clave nacional y no nacionalista. Una Cataluña donde todos podamos sentirnos como en casa, sin sensación de que nos quieren echar, sin sensación de ser catalanes de segunda o de tercera. Una Cataluña cosmopolita para volver a ser motor económico de España.
Ahora tenemos la oportunidad de recuperar la Cataluña de las libertades, donde todos nos sintamos libres de nuevo. Y en paz.
Vera-Cruz Miranda
[campana]
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.



















