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El Catalán Opinión

La Historia fue, con o sin memoria

"Este proyecto legislativo es la materialización de una ideología totalitaria"

Por Vera-Cruz Miranda
viernes, 7 de abril de 2023
en Opinión
5 mins read
Vera-Cruz Miranda perfil bandera
 

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Desde el mismo momento en el que la Historia se convierte en materia sobre la cual legislar se transforma en una herramienta política al servicio de un Estado, lo que supone el traspaso de los límites democráticos para adentrarse en el terreno del pensamiento único. Y esto se acerca a las políticas totalitarias en las que la Historia se utiliza como herramienta con el fin de conseguir un cambio en el marco mental de la sociedad, negando y borrando determinados momentos del pasado. La historia no es ni buena ni mala, la historia fue.

La Generalitat de Catalunya, como lleva décadas al margen de la democracia, está preparando un proyecto de ley de “Memòria Democràtica de Catalunya”. Se trataría de desarrollar más detenidamente los puntos del Estatuto de Cataluña en los que ya se determinaba que la Generalitat debía “velar por el conocimiento y mantenimiento de la memoria histórica de Cataluña como patrimonio colectivo que es testimonio de la resistencia y la lucha por los derechos y libertades democráticas” (art. 54). Memoria, colectivo, resistencia, libertades… en definitiva, adoctrinamiento, porque la memoria colectiva no es memoria es dogma.

Este proyecto legislativo es la materialización de una ideología totalitaria que pretende eliminar, borrar, silenciar y castigar a todos aquellos que no vayan por el camino ideológico marcado desde las instituciones catalanas, es decir, a la mitad de los españoles que lucharon por defender sus ideas, que también eran legítimas. Se trata de reescribir el periodo de la II República, la Guerra Civil y el Franquismo desde una única perspectiva basada en el odio al de enfrente, un periodo que, y así se especifica, puede ser ampliado a “tradiciones democráticas anteriores y posteriores”. Por tanto, ya nos están avisando de que todo periodo histórico puede ser objeto de investigación por parte de la Generalitat, no lo olvidemos.

Las causas de poner en marcha estas políticas son las de siempre, la victimización de Cataluña en su conjunto, puesto que según se expone en los motivos, se quejan de que durante la dictadura franquista hubo “negación violenta de la pluralidad social, cultural y lingüística, y la construcción de un modelo de organización de la sociedad autoritario, tradicionalista y heteropatriarcal”, aunque en realidad las mujeres iban a la universidad, opositaban y decidían libre e independientemente su futuro.

“En Cataluña, además, la dictadura significó la supresión de la Generalitat y la voluntad de aniquilar la lengua y la cultura catalana”, resulta curiosa esta afirmación puesto que durante el franquismo había premios literarios para obras en catalán, teatro en catalán, reuniones científicas, estudios de filología catalana… Y, además, “la dictadura impuso el miedo, el silencio y la sumisión en amplias capas de la población con el uso eficaz de instrumentos como un sistema educativo ideologizado y muy deficiente pedagógicamente”. Resulta paradójico que la Generalitat hable de miedo, silencio, sumisión, educación ideologizada, pues son las mismas herramientas que utilizan actualmente.

Todo ello, evidentemente, edulcorado por medio de esa neolengua en la que las palabras nunca son utilizadas con su verdadero significado, sino todo lo contrario: “valores de convivencia, respeto, diversidad, pluralismo político, igualdad de todas las personas, fraternidad y cultura de la paz”. ¿Quién va a alzarse en contra de estos valores? La mayoría, no.

Se trata, en definitiva, de castigar y eliminar todo aquello que pueda oler a franquismo, como un todo homogéneo, calificando de víctimas a “las personas que sufrieron privación de libertad, torturas o muerte por haber sido combatientes antifranquistas o haber participado en la resistencia contra el fascismo”. ¿Y las víctimas del bando nacional? Son víctimas “las personas que sufrieron cualquier tipo de privación de libertad, escarnio, tortura o trabajos forzados por su oposición a la dictadura franquista o de violencia institucional durante la transición a la democracia”. ¿Todo encarcelamiento es justificado? Y buscar ese momento dorado en la Primera y Segunda República como “momentos culminantes de esta lucha (por las libertades, justicia social e instituciones de autogobierno) y como antecedentes inmediatos del marco democrático actual”. Sinceramente, estas afirmaciones merecerían una severa revisión, puesto que los proyectos republicanos españoles fueron de todo menos democráticos, solamente recordar la quema de iglesias y conventos, por poner un ejemplo.

Esta ley se basa en cuatro derechos, que parecen extraídos de la obra 1984 de Orwell en su Ministerio de la Verdad: el derecho a la verdad, el derecho a la justicia, el derecho a la reparación y el derecho a la memoria. ¿Verdad? ¿Justicia? ¿Reparación? ¿Memoria?

Este pensamiento único van a implementarlo en las aulas de manera obligatoria, por supuesto, “se ha de incluir en el currículum de educación primaria, educación secundaria obligatoria, bachillerato, formación profesional y educación permanente de las personas adultas el conocimiento de la historia y de la memoria democrática, especialmente de la represión ejercida durante la dictadura franquista y las luchas por la democracia, los derechos humanos y las libertades individuales y colectivas”. Y todo eso debe basarse, según se especifica, “en el rigor histórico, la pluralidad y la perspectiva de género”, conceptos que son aniquilados por esta misma ley. No existe el rigor histórico desde el momento en el que se legisla la historia que se debe contar ni puede ser plural cuando se basa en una perspectiva de género, puesto que toda perspectiva anula la visión general que debe ofrecer la historia.

No solamente en los colegios, evidentemente, sino que las universidades deben cumplir su función adoctrinadora, olvidando la libertad de cátedra: “la Generalitat ha de promover la participación de las universidades, los centros de archivo, los centros de investigación y las entidades memorialistas… y la realización de congresos, jornadas y otros encuentros de tipo divulgativo en materia de memoria democrática”. Adoctrinamiento por ley y, por tanto, subvenciones por ley.

Esta reconstrucción histórica por medio del pensamiento único debe hacerse reflejando una realidad única, aunque nunca existiera. No puede faltar la victimización colectiva de las mujeres, por ello “la Generalitat debe llevar a cabo actos para dar a conocer el papel activo de las mujeres en la vida cultura, política y sindical y en la defensa de derechos y libertades democráticos, y la represión sufrida por este motivo; así como las limitaciones y discriminaciones sociales, educativas, culturales, económicas y jurídicas sufridas por las mujeres durante la Guerra Civil y la dictadura franquista”. ¿Todas las mujeres vivieron esa represión? Yo no tengo de esas a mi alrededor.

Se trata de legislar para adoctrinar a la población desde los colegios, las universidades y las demás instituciones públicas, con el dinero de todos los ciudadanos, recuperar e identificar a las personas desaparecidas e identificar los restos humanos, crear espacios de memoria democrática, paisajes y ordenación del territorio, así como la eliminación de toda simbología franquista para lo que habrá un plazo máximo de dos años. Pero, evidentemente, siempre habrá beneficiados, puesto que se va a crear una institución ad hoc que se encargue de controlar y velar por el cumplimiento de esta ley, llamada Memorial Democrático, otra institución más al servicio de la construcción nacional y en beneficio de unos pocos que recibirán un sueldo con el fin de controlar la mentalidad de la población. Y, por supuesto, el castigo al disidente, puesto que el incumplimiento de esta ley conlleva sanciones de hasta 150.000 euros.

Estamos ante otro episodio más de las políticas adoctrinadoras de la Generalitat de Catalunya en el que la historia se convierte en arma política a través de la cual se trasmite un pensamiento único. Se trata de manipular la historia al servicio de una ideología, una vez más. Pero ¿vamos a seguir permitiendo este atropello de libertades? ¿Vamos a seguir dejando que la historia se reescriba? ¿Vamos a defender los historiadores nuestra propia labor? Luego vendrán las lamentaciones.

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TV3, el tamborilero del Bruc del procés

Sergio Fidalgo relata en el libro 'TV3, el tamborilero del Bruc del procés' como a los sones del 'tambor' de la tele de la Generalitat muchos catalanes hacen piña alrededor de los líderes separatistas y compran todo su argumentario. Jordi Cañas, Regina Farré, Joan Ferran, Teresa Freixes, Joan López Alegre, Ferran Monegal, Julia Moreno, David Pérez, Xavier Rius y Daniel Sirera dan su visión sobre un medio que debería ser un servicio público, pero que se ha convertido en una herramienta de propaganda que ignora a más de la mitad de Cataluña. En este enlace de Amazon pueden comprar el libro.

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Etiquetas: CataluñaMemoria históricaVera-Cruz Miranda
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