En esta sociedad descompuesta y ociosa, que se forma con horas de tiktokers y busca constantemente entretenimiento insustancial, cada vez resulta más difícil defender nuestra historia. Esto es consecuencia del menosprecio que sufre, especialmente en los últimos años, el conocimiento de nuestro pasado común, fomentado por los altavoces progresistas desviados hacia la izquierda, cuyo principal objetivo es eliminar nuestras raíces históricas comunes para destruir occidente, con lo que ello representa, si es que todavía alguien lo recuerda.
Cuando construimos sociedades carentes de cimentación cultural que las sostenga, estas corren el riesgo de derrumbarse. Y en esta realidad tambaleante y agrietada, toca celebrar de nuevo otro 12 de octubre, cada año con más polémica, más desafección y más simplificaciones maniqueas procedentes de esa falta de cimentación cultural, es decir, de la pura ignorancia o de una bisoñez argumental exagerada. Pero mientras nos derrumbamos poco a poco, una gran parte seguirá entretenida sumando conocimientos de las redes sociales y escuchando a soberbios ignorantes disfrazados de influyentes.
Por esto, conviene ir recordando, aunque no hace falta rebuscar en la historia, nos podemos acercar a unas décadas atrás, en octubre de 1987, bajo el gobierno de Felipe González, cuando se ratificó en democracia el 12 de octubre como Fiesta Nacional de España. La primera declaración de esta fiesta había sido en 1892 con motivo del cuarto centenario del Descubrimiento de América, un hito que se consideraba que había cambiado el curso de la historia en general y de España en particular, relevante en el proceso de la construcción cultural, política y nacional de España y del mundo.
Y así, hace poco más de 30 años, se afirmaba, en relación con la efeméride, que se trataba de “ese momento de la historia colectiva que forma parte del patrimonio histórico, cultural y social común, asumido como tal por la gran mayoría de ciudadanos”, dando a una única fecha la debida solemnidad. El 12 de octubre, en recuerdo de 1492, significaba una fecha que simbolizaba una España “a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los Reinos de España en una misma Monarquía, que inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos”. Se consideraba que debía celebrarse “uno de los momentos más relevantes para la convivencia política, el acervo cultural y la afirmación misma de la identidad estatal y la singularidad nacional de ese pueblo”.
Ahora, en 2024, parece que no recordamos absolutamente nada ni queremos recordar. Pero la historia no es posible cambiarla. Podremos olvidarla conscientemente o permitir que nos la hagan olvidar. La podrán tergiversar o manipular, pero eso no borra la realidad del pasado, un pasado en que las Españas buscaban objetivos comunes, no reclamaban fronteras territoriales ni lingüísticas, un pasado en el que España se hizo con el dominio del mundo, un pasado donde se buscaba el progreso y la convivencia más allá de unas fronteras físicas, un pasado donde el castellano atravesó el Atlántico, llegando al Nuevo Mundo, un mundo hispánico. Un pasado común.
Por esto, aunque sea de los que prefiere olvidar, de los que no quiere celebrar o de lo que pretenden manipular, da igual, el 12 de octubre existió, Colón llegó a tierras americanas, y a partir de ese momento cambió la historia de España, de Europa y de América. Así que, pienses como pienses y lejos de mitografías de toda clase: ¡Feliz Fiesta Nacional!
Vera Cruz Miranda
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