Cuando a los catalanes constitucionalistas se les ofrece una oportunidad de expresar nuestro afecto por España, la respuesta es siempre masiva. No importa si es un partido de la Selección Nacional, una victoria deportiva, la visita del buque-escuela Juan Sebastián Elcano o una jornada de puertas abiertas de las Fuerzas Armadas. La demostración de afecto es arrolladora.
El dominio político nacionalista ha perdurado ya durante cuarenta y cinco años en Cataluña, pero no ha logrado erradicar el sentimiento de pertenencia a España en la mayoría de los ciudadanos y de ahí el fracaso del golpe d Estado del 1 de octubre tras las manifestaciones masivas a favor de España del 8 y el 29 de octubre de 2017. Si el secesionismo ha avanzado después ha sido, principalmente, por la complicidad de Pedro Sánchez y del PSC.
Todos los presidentes, sin excepción, han preferido alimentar económicamente al separatismo antes que apoyar de forma decidida a la Resistencia constitucionalista. La traición ha sido un patrón de conducta. Sin embargo, Pedro Sánchez se está empleando a fondo para que la deriva separatista avance con una intensidad inusitada. La figura de Salvador Illa no es el fin del soberanismo, sino la enésima mutación de un nacionalismo que solo concibe el catalán como «lengua propia» y niega la realidad de la nación española.
Recordemos las multitudinarias manifestaciones de octubre de 2017. El millón largo de catalanes que salieron a la calle no pedían la reconciliación: exigían «Puigdemont a prisión». Ondearon decenas de miles de banderas rojigualdas y senyeras, a pesar de la hipocresía de líderes socialistas como Josep Borrell, que intentaba rebajar el tono.
A pesar de la falta de apoyo de Moncloa y la inoperancia de las entidades, la voluntad de los catalanes de expresar su amor por el resto de compatriotas sigue firme. Puesto que el Gobierno central no facilita estos cauces, es imperativo hacer un llamamiento directo.
Es necesario que los ayuntamientos y comunidades autónomas del resto de España, regidos por líderes que creen en la Constitución y la Unidad Nacional, promuevan iniciativas en Cataluña para desbaratar el relato secesionista. Debemos demostrar que el separatismo, pese a la colaboración activa de Salvador Illa, todavía no ha doblegado el alma de todos los catalanes.
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