A Josep Ribera, viajando al infinito

Josep Ribera

Josep Ribera se ha ido con la discreción que hizo gala toda su vida. Quizás o seguro que él lo quiso así. Me enteré de su muerte varios días después por un aviso de un amigo que lo leyó en un periódico. Leí la reseña con tristeza, como solo sientes cuando pierdes a alguien que quieres y que te influyo en tu vida y solo las lágrimas incontenibles saben reaccionar como respuesta.

Olvídense de la gris nota que desde CIDOB se ha hecho a su muerte, parece la redacción de un funcionario aburrido que le ha tocado redactar por estar de guardia.

José “Pep” Ribera ha sido una de las personas importantes de Barcelona el pasado siglo y seguramente de las más importantes que ha dejado su huella en Cataluña. Si él leyese estas líneas seguramente me pediría las borrase, pero como no es así, explicare con la máxima brevedad porque lo digo. Se formó como sacerdote y como tal vivió su juventud apostando desde siempre por los humildes.

Joven se fue a Chile donde trabajo con las gentes del barrio de Forestal Alto en la periferia de Santiago donde muchos años después los recordaban por su entrega y capacidad para ayudar a organizar a las asociaciones cívicas y llevar con fuerza y efectividad las reclamaciones de sus derechos en los finales de los 60.

De regreso en Barcelona le encargaron coordinar el trabajo de apostolado y colaboración de gente de iglesia en África en especial siendo estos, en breve trazo, los inicios de AGERMANAMENT que luego se fue convirtiendo, con su liderazgo, en lugar de encuentro de personas de diversas tendencias ideológicas, unidos por la lucha contra la dictadura y por la solidaridad ampliamente entendida.

Así igual que nuestras gentes que en el 39 fueron rescatadas de situaciones difíciles y encontraron nueva vida en varios países americanos, en Agermanament se fue creando una plataforma donde los comités de solidaridad, Guinea, Sáhara, Sur África, Chile, Uruguay, Argentina… encontraron espacio y lugar de trabajo y al tiempo nos ayudaron en nuestra propia lucha contra la dictadura, hombro con hombro. Las instituciones públicas, obviamente al final de la dictadura, no estaban por la labor. Y la jerarquía de la Iglesia, asustada por el cariz progresista que había tomado, le había retirado apoyo hacia tiempo.

La Iglesia se le hizo pequeña para su enorme humanidad que siempre atada al suelo, por su tozuda humildad, le llevo a ser líder y alma de proyectos tan importantes como “Cristianos por el Socialismo, la “Asamblea de Cataluña”, la de la lucha por la democracia, no el engendro que usurpa su nombre parcialmente ahora y los inicios y desarrollo y consolidación de CIDOB.

CIDOB comenzó en unas estanterías en Agermanament donde libros, informes y otros documentos fueron el embrión de lo que llegó a convertirse en unos de los centros de documentación de referencia en Europa y América, tras años de paciente y duro trabajo de él y algunos colaboradores de gran valía a los que supo atraer al proyecto. Ahora en estos momentos de pequeñez mental de los nacionalistas que intentan usarlo como herramienta de sus proyectos espero como me dijo él mismo hace unos meses, “es difícil que lo estropeen todo, son muchos años y mucha gente involucrada y les será difícil acabar con ello pese a sus pobres ideas”. Ojalá Pep el tiempo te dé la razón y el estropicio en CIDOB que estos ignorantes hagan, sea con el tiempo solucionable.

Quiero comentar algunas anécdotas personales que pude vivir junto, con, o sobre él. Como soy persona de muchas equivocadas decisiones, al largo de mi vida, ninguna de ellas estuvo relacionada con él y su obra lo que me enorgullece. Con Pep y otros compañeros obviamente, colaboré en la organización de diferentes actividades que al final de la dictadura, todavía en los años de plomo, se diseñaron y organizaron para “hacer visible” de forma amable el trabajo cotidiano de la solidaridad internacional.

Así coordiné en Agermanament las primeras actuaciones en España en Barcelona 1974 de los QUILAPAYUN, recitales míticos que han quedado en la memoria de miles de personas (más de 13.000 asistieron) como los actos masivos artísticos y políticos más importantes entonces. Luego confió en mí para la organización del recital (prohibida su publicidad) de MERCEDES SOSA, igualmente organizamos las primeras visitas de Isabel Parra, de Patricio Mans y algunos otros de gran calidad, pero menor conocimiento público. Otra operación fue el “Homenaje a Pablo Neruda” que recién muerto el dictador y coincidiendo con las trágicas muertes en Victoria, celebramos.

Allí trajimos a Rafael Alberti en su primer acto público de masas (más de 12.000 personas) que electrizó con sus palabras y poemas a todos los que lo escuchamos viendo con incredulidad en el escenario con su magnífica presencia de aquel hombre viejo, luchador de tanta sabiduría y amigo del homenajeado que 4 días antes regreso de su exilio. Actuaron Inti Illimani y gente nuestra como Pi de la Serra. En ese acto mediante la participación de Josep Benet, se dio voz por primera vez en un acto público de aquella magnitud, a la Asamblea de Cataluña.

Generoso me trató siempre con gran cordialidad y cariño pese a su natural timidez, por su indicación fui convocado como fundador de la “Liga internacional de los derechos de los pueblos” promovida por el senador italiano Lelio Basso y en otras iniciativas de menos enjundia y asimismo por Cidob y por la Liga me propuso como representante en la Assemblea de Cataluña en su etapa ya final.

Todo esto ahora lo recuerdo para hace entender que si digo que significo mucho en mi vida es que así fue, Pep Ribera forma parte de esas pocas personas que he tenido suerte de conocer tratar y sobre todo colaborar que han influido positivamente en lo que de bueno haya podido ser en mi vida y con todo respeto así lo reconozco a la vez que me considero a años luz de su ejemplo y testimonio.

Con los años los contactos se hicieron más espaciados pero el cariño sobrevivió y hace unos años quise demostrar mi aprecio con algún gesto público.  Hablé con su pareja “en secreto” y le propuse pedir para él la “Medalla de oro” de la ciudad de Barcelona. Aún recuerdo que al decírselo Cesca rompió a llorar emocionada y seguidamente me dijo si pensaba comentarlo con él. Le dije que no y ella comentó que si lo hacía me lo prohibiría como amigo.

Preparé la petición al alcalde y pedí a algunas personas que la apoyasen, Cesca hizo lo mismo y reunimos firmas y también cartas de apoyo que conservo y que son testimonio de cuanto aprecio y respeto le tenían personas diferentes.

Tramitada la petición que tenía que pasar por un pleno municipal empezó un periodo de los más miserables que recuerdo. No había contestación de ningún tipo y al cabo de más de un año de hacer algunas llamadas y enviar correos un día ya muy extrañado pude hablar con Mascarell regidor de cultura y quien debía tramitar la petición.

Me dijo que obviamente le querían dar la medalla y que lo harían ya que “Yo veo a Pep cada mes al menos porque coincidimos en la reunión del distrito de Ciutat Vella y se lo merece, no te preocupes que lo haremos”. Me quedé frío de la banalidad del personaje y entonces busqué hablar con el alcalde Joan Clos a quien le explique la situación. Me escuchó y me dijo que se solucionaría de inmediato y que no solo se la iban a dar, sino que él quería como alcalde tener el honor de entregársela. Y así fue al cabo de unos meses, previo acuerdo en pleno municipal.

Nunca antes había comentado esta situación tan desagradable. Los responsables del trato tan displicente no le avisaron de la decisión municipal y Pep Ribera se enteró de la concesión de la medalla por una nota en un diario. Su comentario “yo no he pedido esto”. Estuve en la entrega, asistí invitado por la familia y estuve con ellos en el acto desgraciadamente en mismo día mi madre agonizaba y me fui después de darle un fuerte abrazo. Acordé con Cesca que no explicaría la mala actitud o desidia de Mascarell y sí el interés personal de Joan Clos, que sí lo conocía y estimaba, además de respetarlo.

No es la primera vez que conozco situaciones tan mezquinas con personas que pienso que por su propia honestidad molestan, como los espejos donde se reflejan nuestra cicatería y fealdad de principios.

Pep, no te olvidaré nunca, sé de muchos aquí y en muchos lugares que piensan como yo. Esta ciudad lleva una trayectoria que tiende a premiar el error y el producir desatinos. Y también adolece de falta de sensibilidad y de reconocimiento a sus ciudadanos ilustres. Quizás empiece, acostumbrados a lo sucio y mediocre, a molestarnos la honestidad. Descansa amigo.

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