J’accuse. Un análisis de Nicolás Cortés sobre el proceso secesionista

No hace mucho tiempo que un amigo me animó a publicar en forma de libro algunos textos históricos sobre Catalunya, también a unirlos con mis artículos de elCatalán.es. La verdad es que me alegré, siempre es grato que un amigo valoré lo que haces.

Hablé con algunos editores y organizaciones, pero un caso me sorprendió especialmente: a una responsable de éstas le indiqué la idoneidad del libro. Me miró extrañada, en silencio, yo creo que al final transformó el “¿de qué vas a escribir tu ‘piltrafilla’ charnego?”, muy típico entre algunos moradores de Diagonal-sur-mer, por un “hay muchos políticos e intelectuales que han escrito ya…”.

No es precisamente un no piadoso, pero a mi me animó.

Entiéndanme, tengo un 50% de genética manchega y eso te da una dosis de resistencia extra… O resiliencia, como se dice ahora.

En todo este periodo psicótico, que hemos llamado “procés”, no he visto muchos ensayos, sí escritos de todos los órdenes, defendiendo planteamientos de todo tipo. Nunca de la razón al sentimiento, más bien desde el sentimiento a la pasión, y aunque casi todo sentimiento es respetable, la verdad es que algunos manifiestos son un poco irracionales.

Tengo que admitir que mis motivos han sido, como los de todo el mundo, fundamentalmente sentimentales, contra esas miradas de soslayo, de presunta superioridad étnica, no puedes, por menos, que reaccionar visceralmente…

Escribes desde el sentimiento, es una función catártica. Por ello quiero reivindicar la vigencia del manifiesto, como aquel veterano Emile Zola (…lecteur hipòcrita, mon aime, mon frère!…) que reacciona con ardor juvenil ante el ultraje racista a los judíos.

En nuestra contemporaneidad, el manifiesto cobra una nueva vida, el escrito pasional desde el sentimiento ético, tiene digna sucesión con el honorable (este sí) Stéphane Hessel, con sus “¡Indignaos!, que sacó del cajón esta fórmula literaria, plantando cara a una crisis económica provocada por una brutal especulación financiera.

Occidente asistió ante ésta como despertando del sueño de Peter y Wendy en el “País de Nunca Jamás”. Hessel, con la maestría de un luchador, dió un puñetazo en la mesa.

En nuestro escenario catalán también hay manifiestos. Los contundentes “Contra el separatismo” de Fernando Savater o el sosegado “Qué está pasando en Catalunya” de Eduardo Mendoza.

O la prosa elegante de López Burniol y los conocimientos jurídicos de Carreras, también la interpretación izquierdista y progresista de Joan Coscubiela, Miquel Iceta, Josep Borrell y Raimon Obiols; últimamente la ironia del manual de supervivencia, “Usted puede salvar España” de Sergio Fidalgo.

Podríamos destacar los textos independentistas de supuesta razón económica. En ello estuvieron Sala i Martín y el “tornadizo” Germá Bèl, atrincherados tras sus prestigios académicos anglosajones de pago, todos haciendo una defensa travestizada de erudición acerca de las ventajas macroeconómicas de la futura república catalana…

Curiosamente la bibliografia de Mas-Colell solo está en inglés, y no se refiere a pequeños estados nacientes.

De las Sras. Empar Moliner y Pilar Rahola, nada que decir, escriben y cobran por ello como podrían hacerlo sobre la cría marsupial… Tienen como penitencia a Santi Vila, “heroi i traïdor”. Otra firma de gran nivel que intentó hablar de las ventajas de una república catalana fue también Oriol Junqueras, en compañía de la estrella mediática de las ondas, Justo Molinero, en un libro de significativo titulo “Revoltats”.

Hablando del destacado y “descastao” Justo Molinero, conocido buscavidas especializado (cómo muchos otros en el “ex-oasis catalán) en la genuflexión al pujolismo pre-procesista, y luego recitador del mantra “dret decidir+democràcia+llibertat&convivència”; queremos aprovechar para reivindicar el término.

Esa palabra, “descastao”, muy cordobesa, por cierto, habría que aplicarla con puridad. Si de algo nos debemos sentir muy orgullosos buena parte de los catalanes es de ser descendientes de esa “casta” de honestos jornaleros del Sur de España (en este caso Sur hace más referencia a pobreza que a geografía).

A aquellos que trabajaron en y por Catalunya, que aportaron aún más dignidad a esta tierra, que la hicieron más libre, próspera y progresista. Mientras otros, ya sabemos quienes, se dedicaron a horadar en las cloacas del franquismo para lucrarse, algunos de sus descendientes pretenden ahora darnos lecciones de libertad y democracia, de convivencia y libertad.

De las cuatro ‘D’ en la construcción de un país, en el “procés” tres han sido un desastre: ‘D’ de dinero, las empresas y poderes financieros más importantes se pusieron en contra y fijaron su domicilio fuera de Catalunya.

La ‘D’ de diplomàcia hizo el ridículo abiertamente, al no conseguir ningún apoyo internacional, tras la potente financiación al Diplocat, a viajes y delegaciones proselitistas, el vacío…

En cuanto a la ‘D’ de defensa, un Conseller Forn de funesta y breve presencia, algunos operativos policiales cumpliendo funciones “ambíguas”, afortunadamente borrados por la profesionalidad de la amplia mayoría del Cuerpo de Mossos.

Y, por último, y no menor, la ‘D’ de demografía. ¿Cómo construyes una “nació” si la otra mitad no la quiere?

Por favor, que alguien lo diga, por si no lo saben, el “procés” se acabó.

Habrá que reconstruir ahora ésto. “Procés”, “Llibertat d’un poble”, todo se ha acabado ya. Esperemos que futuras generaciones más sabias se libren de este imaginario victimista, larvado durante años.

“J’accuse” a aquellos que nos han hecho perder un tiempo precioso, a los que convirtieron la Ley de transitoriedad del 7 de septiembre y la proclamación de la república del 27 de octubre en actos sectarios y etnicistas.

A aquellos que han utilizado atentados terroristas, pateras, lengua, fútbol, paro juvenil, niños y refugiados para el “procés”. A aquellos que han hundido la convivencia.

¡Vivre le manifieste, Sr. Zola!

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