El PDeCAT ha de pedir perdón

La Vanguardia publicó el pasado sábado unas declaraciones de Enric Gregori, vicepresidente del PDeCAT en Sant Andreu de la Barca y de Joan Gaspà, único concejal del partido separatista en el municipio.

Ambos llevan a cabo un discurso que se podría considerar que raya el supremacismo. Pero lo que sí queda claro es que muestran cierto desprecio hacia los catalanes que no son nacionalistas.

“Sí hay división, el problema de fondo es que esto es una pequeña Andalucía. Aquí siempre ha habido un sentimiento españolista muy fuerte, pero no se había manifestado nunca como ahora, están malentonados”, afirma Gaspà, concejal del PDeCAT en Sant Andreu de la Barca.

Se ve es que el problema es que los no nacionalistas “manifiesten” su “sentimiento” abiertamente. O eso se deduce de sus palabras.

“La mayoría de inmigrantes andaluces no habla catalán, tenemos tres asociaciones andaluzas en el pueblo e incluso celebran la Feria de Abril. Muchos no se han integrado”, sigue afirmando Gaspà.

En una democracia los ciudadanos han de respetar las leyes y cumplirlas. Con eso basta y ese es su deber. Lo de “integrarse” al gusto de un partido político o de otro tiene un componente tribal que preocupa. Y lo de “incluso celebran la Feria de Abril” desprende un tufillo más que preocupante.

“A mí me han llamado rata por llevar el lazo amarillo; vecinos míos me han insultado por ser independentista en redes sociales y ahora no nos hablamos” afirma Enric Gregori, vicepresidente del PDeCAT en Sant Andreu de la Barca. Eso es reprochable. A nadie se le ha de insultar por llevar el lazo amarillo.

Pero luego añade “espero que haya una mediación y esto se resuelva, pero si no les gusta la escuela catalana que les hagan colegios aparte para ellos”. Vamos, que si no les gusta a los que no piensan como este señor la inmersión lingüística y la ponen en cuestión, que les monten un ghetto. La cuestión es que haya líneas educativas en las diversas lenguas oficiales, no apartar a los niños cuyos padres quieran que reciban total o parcialmente la educación en castellano.

Un discurso excluyente propio del secesionismo. Algo que no debería tener cabida en la Europa del siglo XXI. Pero ahí están, dando lecciones y designando quién es un buen catalán y quién no.

El PDeCAT ha de pedir disculpas, máxime cuando Gregori, en sus redes sociales incitó, tal y como denunció Juan Carlos Girauta, a “estar dispuesto a matar o dar la vida por el país”. Gente así no tiene cabida en la vida pública.


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