La pomposa cumbre del progresismo mundial celebrada en Barcelona ha resultado ser un estruendoso vacío mediático. Lo que el PSC y el PSOE vendieron como el epicentro del pensamiento global ha pasado prácticamente inadvertido para las principales cabeceras del planeta. La irrelevancia del evento demuestra que el peso internacional de Pedro Sánchez es, en gran medida, un espejismo construido por su propio aparato de propaganda.
Sin embargo, el prestigioso The New York Times sí ha fijado su mirada en la cita, aunque no para alabar la gestión del presidente. El diario estadounidense ha sido implacable al analizar la verdadera estrategia de Moncloa. Según el rotativo, la calculada hostilidad de Sánchez hacia Donald Trump no es una cuestión de principios, sino un salvavidas político diseñado para la supervivencia personal. El Times es un referente del Partido Demócrata estadounidense.
Para la izquierda extranjera, el líder español intenta proyectar una imagen de héroe frente a la derecha populista. Pero en España, la realidad es mucho más cruda y menos heroica. Trump se ha convertido en la distracción perfecta para evitar que los ciudadanos miren hacia los juzgados. El victimismo exterior es el escudo que Sánchez utiliza para protegerse de los escándalos que cercan su gestión.
El análisis de The New York Times destaca que el presidente español necesita enemigos externos para desviar la atención de sus «espinosos retos internos». Estos retos no son otros que una cascada de casos de corrupción que afectan al núcleo duro de su confianza. El relato de la épica progresista se desmorona cuando se confronta con la realidad de los sumarios judiciales que acechan al PSOE.
La sombra de la corrupción es alargada y llega hasta el exministro de Transportes y exsecretario de organización socialista, José Luis Ábalos. El que fuera mano derecha del presidente está hoy señalado por la justicia. Junto a él, nombres como Santos Cerdán o el polémico asesor Koldo García completan un cuadro de presuntas irregularidades que el Gobierno pretende ignorar mediante el ruido mediático.
La situación se vuelve aún más comprometida al tocar el entorno más íntimo del presidente en el palacio de la Moncloa. Begoña Gómez, esposa de Sánchez, se encuentra bajo investigación por cuatro delitos relacionados con la corrupción. Este hecho, insólito en la democracia española, es uno de los lastres que el líder del PSOE intenta ocultar bajo su supuesta cruzada contra la ultraderecha global.
A estos escándalos financieros se suman las graves acusaciones de acoso sexual que han aflorado recientemente en el seno de la formación socialista. La crisis ética del partido es total, afectando tanto a la gestión de los fondos públicos como al comportamiento moral de sus cuadros. El barniz feminista y ejemplar del Gobierno se cuartea ante la gravedad de los testimonios conocidos.
Respecto al foro mundial organizado en la capital catalana, el impacto real ha sido nulo. Los medios subvencionados por la izquierda que han mencionado el encuentro se han limitado a recoger frases genéricas de los asistentes. Nadie ve en esta reunión un avance intelectual o político, sino un simple gesto vacío destinado a la galería y al consumo interno de la militancia socialista.
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