An American Jewish woman living in Barcelona reached out to me, saying that she and her wife were denied entry last night to a thermal bath, reportedly because they are Jewish.
She documented the exchange on video and filed a report with the Mossos d’Esquadra afterwards.… pic.twitter.com/oSyHNAa2M5
— Hen Mazzig (@HenMazzig) May 30, 2026
Barcelona vuelve a ser el foco de la polémica internacional por los motivos más preocupantes. Dos mujeres judías estadounidenses, residentes en la capital catalana, fueron expulsadas de un conocido establecimiento local. El motivo aparente de la expulsión fue tan simple como alarmante: portaban colgantes con la estrella de David.
El incidente ha traspasado las fronteras españolas de forma inmediata. Cabeceras de prestigio global como el New York Post, The Telegraph o The Times of Israel ya recogen con asombro lo sucedido. La imagen exterior de la ciudad condal queda, una vez más, seriamente comprometida ante la opinión pública extranjera.
Los hechos se conocen gracias a una grabación difundida en redes sociales por el escritor israelí Hen Mazzig. En el vídeo se aprecia el tenso interrogatorio ideológico al que el personal sometió a las clientas. La hostilidad del entorno se hace evidente desde los primeros segundos de la conversación capturada.
«¿Eres una persona sionista?», cuestionó uno de los responsables del establecimiento a una de las afectadas. Ante la sorpresa de la mujer, que recordó el carácter religioso de su colgante, el personal insistió en una distinción falaz. La justificación de los empleados buscaba camuflar el sectarismo bajo un supuesto debate político.
La tensión aumentó cuando los trabajadores del local mezclaron el conflicto de Oriente Medio con el derecho de admisión. Bajo proclamas de «Palestina libre», se instó a las dos residentes norteamericanas a abandonar el recinto. El acoso verbal sustituyó por completo a cualquier norma básica de civismo y respeto.
Ya en la vía pública, las víctimas expresaron su indignación ante el resto de personas que esperaban para acceder. Denunciaron abiertamente haber sido vetadas por el mero hecho de visibilizar su identidad judía. Los testimonios reflejan la vulnerabilidad con la que se encontraron en pleno corazón de Barcelona.
Una de las afectadas, identificada como Mika, relató posteriormente que el acceso inicial se produjo sin contratiempos. Los problemas comenzaron de forma súbita cuando una de las organizadoras reparó en la simbología de sus cadenas. La normalidad de una jornada de ocio se rompió por un señalamiento ideológico intolerable.
La víctima confesó su decepción por la absoluta pasividad del resto de los clientes presentes. Nadie levantó la voz ni intervino para frenar lo que se convirtió en una expulsión forzosa por motivos de origen y creencia. Esta indiferencia social es el síntoma más peligroso de la deriva de ciertos sectores.
Este preocupante episodio no es un hecho aislado, sino el resultado de un clima de crispación alimentado desde la izquierda, tanto el PSOE como Sumar o Podemos, sobre todo por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. La condescendencia política hacia discursos radicales genera un caldo de cultivo donde se normaliza el señalamiento ciudadano. Se confunde la legítima crítica exterior con la persecución de particulares en su vida cotidiana.
Pese a la amarga experiencia vivida en la capital catalana, las dos mujeres afectadas mostraron una firme determinación. Aseguraron con rotundidad que no ocultarán sus símbolos religiosos ni dejarán de asistir a eventos públicos en el futuro. Una lección de dignidad frente a la preocupante intolerancia que avanza sin freno institucional.
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