El próximo 12 de junio se cumplirán 34 años de la firma del Tratado de Adhesión de España a las Comunidades Europeas y de nuestra entrada en lo que hoy conocemos como Unión Europea. Poco después de haber recuperado la democracia y con los enemigos de la libertad intentando una involución, muchos españoles lo vivimos con la esperanza puesta en converger, tanto política como social y económicamente, con la Europa de las libertades.
Más de tres décadas después parece no valorarse lo suficiente nuestra participación en la construcción europea. Estar en el seno de la Unión Europea nos ha permitido no sólo afianzar nuestro sistema democrático como uno de los más sólidos y garantistas del mundo, sino también conseguir unas cotas de crecimiento económico y social difíciles de concebir cuando se dieron los primeros pasos hacia la adhesión. Sin embargo, algunos de los que han visto con sus propios ojos la evolución de España en el seno de la Unión ponen en entredicho sus beneficios y muestran su desapego hacia el mayor espacio común de libertad, igualdad, solidaridad y respeto de los derechos humanos.
Ese desapego creciente e intergeneracional es el caldo de cultivo en el que se hacen fuertes los enemigos de la Unión y de los valores europeos: el nacionalismo identitario, el populismo antieuropeo y el euroescepticismo indolente, que aspiran a paralizar el funcionamiento de las instituciones en pro de sus propios intereses y en contra del bienestar y del progreso de todos los europeos.
El domingo 26 de mayo estamos llamados a las urnas para renovar el Parlamento Europeo, el principal instrumento democrático para hacer oír nuestra voz en las instituciones de la Unión Europea y la única que es fruto del sufragio directo en cada uno de los estados miembros. Unas instituciones europeas de las que emana la mayoría de la normativa jurídica que afecta la vida cotidiana del conjunto de los europeos. Así pues, no cabe poner en duda la importancia de estas elecciones.
Hay que tener claro que en la próxima legislatura del Parlamento Europeo y en el seno de la Unión nos jugamos mucho. Sobre todo nos jugamos la posibilidad de impedir que el nacionalismo identitario, el populismo antieuropeo y el euroescepticismo socaven de forma irreversible el proyecto colectivo que ha traído a Europa el mayor período de paz y progreso de la historia. El 26M hay que ir a votar.
El próximo 26 de mayo no vale quedarse en casa. Hay que ir a votar para parar a los enemigos de Europa, para articular una mayoría capaz de fortalecer y renovar cuanto sea necesario las instituciones de la Unión Europea. Europa no es perfecta. Muchos creemos que hay que mejorarla. Ciudadanos, uno de los principales componentes de la familia de los liberales y demócratas europeos, aspira a mejorarla y a renovarla.
La renovación de Europa, una tarea colectiva en la que trabajamos desde hace cinco años y para la que hemos conseguido el apoyo de Renaissance, la candidatura europeísta impulsada en Francia por el presidente Macron. Y lo hacemos porque somos conscientes de que una Europa fuerte y unida es la mejor garantía de futuro para todos nosotros y para las generaciones venideras.
¡Vamos Europa!
Matías Alonso. Candidato de Cs al Parlamento Europeo
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