Antonio Robles es una de las voces más firmes, coherentes y valientes en la lucha contra el nacionalismo excluyente en Cataluña. Desde hace décadas, su trayectoria política e intelectual ha sido una constante defensa de la libertad, la igualdad de derechos y la dignidad de todos los ciudadanos, especialmente aquellos que se han visto marginados por no comulgar con la ideología nacionalista dominante.
Robles no solo fue uno de los fundadores de Ciudadanos, sino que también presidió la Asociación por la Tolerancia, un espacio clave en los años más duros del nacionalismo catalán, cuando disentir era un acto de coraje cívico. Como diputado en el Parlamento de Cataluña, Antonio Robles fue un referente de claridad moral e ideológica.
Su voz, alejada del cálculo oportunista, fue una de las pocas que denunció con firmeza las imposiciones lingüísticas, el adoctrinamiento escolar y el acoso a los ciudadanos constitucionalistas. No se dejó arrastrar por la complacencia ni la equidistancia que tanto han dañado la convivencia en Cataluña. Fue, desde el escaño y también fuera de él, un defensor de los valores democráticos universales frente a la lógica tribal del nacionalismo.
A lo largo de los años, Robles ha dado forma a un pensamiento político firme y articulado, que ha cristalizado en libros fundamentales para entender la Cataluña contemporánea. Uno de los más relevantes es la novela-ensayo Extranjeros en su país, donde recoge el testimonio de quienes, siendo catalanes, se sienten tratados como intrusos por el solo hecho de no hablar catalán en su vida cotidiana o de sentirse españoles sin complejos. Es un retrato humano y político que desmonta la narrativa nacionalista con sensibilidad y datos concretos.
Otro de sus libros, Equidistantes exquisitos, critica con lucidez a quienes, desde posiciones supuestamente neutrales, han contribuido a blanquear el proyecto separatista con un discurso tibio que equipara víctima y verdugo. Robles no duda en señalar que esa equidistancia solo ha servido para fortalecer al nacionalismo, mientras debilitaba la respuesta ciudadana en defensa de la legalidad y de la democracia. Su escritura es directa, documentada y cargada de una indignación ética que nunca cae en la demagogia.
Pero quizás su obra más ambiciosa sea la Historia de la Resistencia al nacionalismo en Cataluña (1979-2006), un libro imprescindible para comprender cómo, desde hace décadas, ha existido una resistencia valiente y organizada frente al proyecto identitario excluyente. En este volumen, Robles da voz a los olvidados, a los que fueron silenciados o invisibilizados por no rendirse a la lógica del pensamiento único. Es también una memoria necesaria que pone en valor la labor de intelectuales, activistas y ciudadanos comunes que nunca se resignaron.
La labor de Antonio Robles trasciende los partidos políticos. Si bien fue uno de los impulsores de Ciudadanos en su origen, su posterior distancia del partido no hizo más que confirmar su independencia de criterio. Más tarde, lideró el pequeño pero coherente partido dCIDE, desde donde siguió defendiendo la unidad constitucional del país, sin renunciar a denunciar los errores de una izquierda que, en demasiadas ocasiones, ha traicionado sus propios principios para pactar con el separatismo.
Robles ha sido también un referente para miles de ciudadanos catalanes que, durante años, no encontraron representación institucional ni mediática. Su activismo incansable, su capacidad de argumentar con profundidad y su disposición a enfrentarse al pensamiento dominante han hecho de él una figura indispensable para comprender la resistencia cívica frente al nacionalismo. No desde el odio ni la confrontación gratuita, sino desde el compromiso democrático y la defensa de los derechos individuales frente a la homogeneización identitaria.
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