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En los últimos meses se ha intensificado una campaña política dirigida a desprestigiar a la Policía Nacional en Cataluña, utilizando como excusa la histórica Jefatura de la Vía Layetana en Barcelona. Desde formaciones como el PSC, los Comunes y los partidos separatistas, se ha impulsado la idea de transformar esta sede operativa en un centro de memoria histórica, presentando al edificio casi como un símbolo de represión, ignorando deliberadamente el papel actual y fundamental que cumple la Policía Nacional en la seguridad de todos los ciudadanos.
Detrás de esta propuesta no hay un interés legítimo por la memoria democrática, sino una estrategia política para debilitar la presencia del Estado en Cataluña. Convertir la Jefatura de la Policía en un museo es solo un paso más en el intento de algunos sectores de vaciar de contenido institucional al centro de Barcelona. En lugar de reconocer la labor diaria de cientos de agentes que garantizan el orden público, el cumplimiento de la ley y la protección de los derechos fundamentales, se les utiliza como chivo expiatorio en una batalla ideológica.
El PSC, en su afán por no desentonar con sus socios de investidura, ha terminado asumiendo discursos que antes solo eran propios del separatismo más radical. Su voto a favor de convertir la Jefatura en un centro de memoria, coincidiendo con las tesis de los Comunes y de Esquerra Republicana, refleja una falta de criterio propio y un preocupante olvido de lo que significa defender las instituciones del Estado. Esta actitud ambigua debilita la confianza de muchos ciudadanos en un partido que debería representar la defensa de la legalidad constitucional.
Los Comunes, por su parte, insisten en una visión anacrónica y simplista de la realidad catalana. En lugar de trabajar para mejorar la convivencia o reforzar los servicios públicos, prefieren alimentar una narrativa victimista que coloca a la Policía como enemiga del pueblo. Es un discurso que no solo distorsiona el presente, sino que niega el esfuerzo de un cuerpo que ha demostrado profesionalidad y respeto por los derechos humanos en un entorno especialmente complejo como el catalán.
La Policía Nacional en Cataluña ha sido, durante años, una garantía de seguridad y de neutralidad institucional. Lejos de los clichés interesados que pretenden construir algunos sectores políticos, la realidad es que los agentes desempeñan su labor con rigor y vocación de servicio. En una comunidad donde algunos han querido imponer la ley del silencio y la presión social sobre quienes piensan diferente, la Policía ha sido un baluarte imprescindible de la libertad.
Las manifestaciones promovidas en defensa de la Jefatura de Vía Layetana han sido una expresión clara del respaldo ciudadano a este cuerpo. Policías, asociaciones y representantes políticos comprometidos con el Estado de derecho han recordado que no se puede permitir que se desacredite la labor de quienes están al servicio de todos los ciudadanos, sin distinción de ideología, lengua o identidad. Desprestigiar a la Policía Nacional por razones políticas no solo es injusto, sino profundamente irresponsable.
Eliminar o reducir la sede de la Policía Nacional del corazón de Barcelona no responde a ninguna necesidad operativa ni mejora los servicios públicos. Todo lo contrario: obedece a una voluntad explícita de sacar del espacio público una representación del Estado que molesta a quienes todavía sueñan con construir una Cataluña ajena al marco constitucional. Esa visión excluyente no puede ser legitimada desde las instituciones democráticas, ni por acción ni por omisión.
La defensa de la Policía Nacional en Cataluña es también la defensa de la democracia, de la convivencia y del respeto a la ley. Frente a los intentos de deslegitimar a la Policía desde las instituciones, es más necesario que nunca reafirmar su papel, su dignidad y su importancia para la cohesión del conjunto de España.

Sergio Fidalgo relata en el libro 'TV3, el tamborilero del Bruc del procés' como a los sones del 'tambor' de la tele de la Generalitat muchos catalanes hacen piña alrededor de los líderes separatistas y compran todo su argumentario. Jordi Cañas, Regina Farré, Joan Ferran, Teresa Freixes, Joan López Alegre, Ferran Monegal, Julia Moreno, David Pérez, Xavier Rius y Daniel Sirera dan su visión sobre un medio que debería ser un servicio público, pero que se ha convertido en una herramienta de propaganda que ignora a más de la mitad de Cataluña. En este enlace de Amazon pueden comprar el libro.
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