El caso de las joyas halladas en una caja fuerte de la oficina privada de José Luis Rodríguez Zapatero ha abierto una brecha profunda en la credibilidad del expresidente del Gobierno. Las sospechas ya no provienen únicamente de la oposición o de los tribunales, sino del propio seno del socialismo histórico.
Jordi Sevilla, quien fuera ministro de Administraciones Públicas durante la primera etapa de Zapatero, ha lanzado una carga de profundidad contra la versión oficial del exlíder del PSOE en una entrevista en ‘El Confidencial’. Sevilla duda abiertamente de que las valiosas piezas encontradas tengan su origen en un regalo institucional del rey Abdalá de Arabia Saudí durante su visita a España en el año 2007. El exministro advierte de que, si realmente proceden de aquella época en La Moncloa, el equipo del expresidente cometió una flagrante irregularidad.
La situación es especialmente comprometedora para el exjefe del Ejecutivo, ya que fue el propio Sevilla quien redactó en 2005 el código de buenas prácticas del Gobierno. Aquella normativa obligaba a entregar cualquier obsequio institucional de un mandatario extranjero a Patrimonio Nacional de forma inmediata. El sistema funcionó con otros regalos de ese mismo viaje, lo que deja sin justificación razonable la presencia de este botín en una caja fuerte privada.
El expresidente se encuentra actualmente imputado por presuntos delitos de contrabando y fraude fiscal en una pieza separada del conocido caso Plus Ultra. Las investigaciones dirigidas por el magistrado José Luis Calama apuntan a delitos de una gravedad extrema, tales como organización criminal, blanqueo de capitales y falsedad documental. Este escenario procesal dinamita el relato de ejemplaridad que la izquierda española ha intentado mantener de manera sistemática sobre sus antiguos mandatarios.
La radiografía que hace Sevilla sobre la evolución política e institucional de Zapatero resulta demoledora para el actual PSOE. El exministro asegura que el actual mediador internacional en Venezuela ya no se parece en nada al líder al que apoyó a principios de los años dos mil. La deriva del expresidente refleja una peligrosa asimilación de las dinámicas del poder que desborda los límites de la ética pública.
Según el análisis del antiguo miembro de los gobiernos socialistas, Zapatero padece una preocupante ceguera moral respecto a sus propias acciones. Sevilla sostiene que el expresidente no es consciente de la delgada línea que separa la labor pública del beneficio particular. Esta falta de percepción le habría llevado a incurrir en prácticas que encajan directamente con lo que la ciudadanía entiende por tráfico de influencias.
El reproche adquiere una gravedad institucional innegable al constatar que el expresidente justifica sus gestiones bajo una supuesta pátina de normalidad. El entramado de relaciones internacionales y de negocios que rodea las actividades de Zapatero en los últimos años lleva tiempo bajo el foco de la sospecha. Sin embargo, que un redactor del código ético socialista valide estas acusaciones supone un punto de no retorno.
La crisis del zapaterismo coincide en el tiempo con los intentos del propio Jordi Sevilla de impulsar un movimiento de renovación crítica dentro del PSOE. Este sector busca marcar distancias con la actual dirección de Pedro Sánchez y con los tics intervencionistas de la izquierda gobernante. El caso de las joyas ocultas dinamita los puentes entre la vieja guardia que aún guarda respeto por las formas institucionales y los defensores de la actual deriva del partido.
El entorno de Zapatero asiste con perplejidad a un goteo constante de informaciones que vinculan su oficina con oscuros intereses económicos. La justificación de los supuestos errores administrativos ya no sostiene un caso que ha saltado de los despachos a las portadas de los diarios. La condescendencia con la que la izquierda suele juzgar los desmanes de sus propios líderes empieza a agrietarse ante la contundencia de los indicios.
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