El idilio parlamentario entre el PSC y Esquerra Republicana parece haber entrado en una fase de turbulencias. Los republicanos han decidido utilizar la recaudación del IRPF como un arma de presión directa contra el Govern de Salvador Illa. No es una petición menor, sino una advertencia que afecta directamente a la estabilidad institucional en Cataluña y en Madrid.
Jordi Albert, portavoz adjunto de ERC, ha sido el encargado de verbalizar este malestar desde Molins de Rei. El mensaje es nítido: si no hay avances tangibles en lo que el separatismo llama «soberanía fiscal» – el fin de la solidaridad interterritorial entre regiones -, no habrá negociación presupuestaria. Esta postura deja al PSC en una situación comprometida frente a sus socios de investidura.
La formación separatista acusa a los socialistas de mantener «parada» la maquinaria para que la Hacienda catalana gestione el impuesto sobre la renta. Para ERC, el cumplimiento de los acuerdos de financiación es la piedra angular de su apoyo. Sin este paso, consideran que el Govern no está cumpliendo con su parte del trato.
El tono de Albert refleja un pesimismo creciente en las filas republicanas sobre la voluntad real del PSC. Han instado a Illa a «forzar al PSOE» para que la Agencia Tributaria de Cataluña esté a punto cuanto antes. Esta exigencia traslada la tensión directamente al despacho de Pedro Sánchez en la Moncloa.
Cataluña funciona actualmente con los presupuestos de 2023 prorrogados, una anomalía que empieza a pesar. ERC sostiene que unas nuevas cuentas solo serán «buenas» si reflejan una capacidad plena de gestión financiera. El control del dinero vuelve a ser, una vez más, el nudo gordiano de la política catalana.
La advertencia de ERC no se limita al ámbito autonómico y salpica la gobernabilidad de España. Albert recordó que Sánchez es presidente gracias a una serie de engranajes políticos que pueden dejar de girar. Si los incumplimientos persisten, la mesa de negociación podría saltar por los aires de forma inminente.
Esta estrategia de ERC busca recuperar el perfil propio tras meses de una relación demasiado dócil con el PSC. Necesitan demostrar a su electorado que su apoyo al bloque progresista tiene un precio alto y beneficios concretos. La gestión de los impuestos es la bandera perfecta para marcar distancias con el centralismo socialista.
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