Entrevista a Julio Valdeón: “La obligación de los demócratas es combatir el nacionalismo”

El escritor Julio Valdeón.

Nacido en Valladolid pero residente en Nueva York desde 2005, el escritor Julio Valdeón (1976) es autor de novelas como El fulgor y los cuerpos y colaborador en medios como La Razón o Jot Down. Dueño de una mirada caústica y desengañada, Valdeón suscribe en esta entrevista la tesis de su admirado Arcadi Espada, para quien el nacionalismo, en cualquiera de sus formas, es simple y llanamente “el mal”.

Pujol dijo que el andaluz era un “hombre destruido”, Junqueras habló de diferencias genéticas entre catalanes y españoles y Torra llamó “carroña” y “bestias taradas” a los catalanes castellanohablantes. ¿Existe el nacionalismo sin xenofobia?

No. El nacionalismo es predemocrático, esencialista, a la postre xenófobo. Se sostiene en el rechazo más o menos disimulado de sus conciudadanos, a los que no considera como iguales. El nacionalismo apela a sinrazones como el pigmento de la piel, los mitos nacionales, los hechos y leyendas entreverados sin solución de continuidad, y por supuesto a la lengua, que contra todas las evidencias científicas disponibles fundaría, ¡ja!, una percepción del mundo intransferible. Apelar a la identidad colectiva, al espíritu del pueblo, al Volk, implica situarse en los territorios románticos y putrefactos de las peores tradiciones políticas, las mismas que llevaron a Europa a dos guerras mundiales y por supuesto Auschwitz. El nacionalismo no existe sin xenofobia. El nacionalismo, por supuesto, es la guerra.

En un artículo reciente titulado La Lliga norte, se mostraba crítico con los intentos de resucitar el catalanismo político como vía para superar el procés. ¿Por qué es una mala idea?

Porque bajo la cáscara sonriente del catalanismo se esconde la citada xenofobia y la creencia, puramente mística, en una supuesta similitud primordial. En realidad nadie tiene ni idea de qué demonios pudiera ser el catalanismo si intentamos explicarlo mediante criterios imparciales, despojados de literatura cutre. ¿Qué lo distinguiría del asturianismo o el sorianismo? El catalanismo, entonces, es una ficción, un trampantojo, una coartada para decir lo que no puede decirse, lo innombrable, que somos distintos, más guapos, más altos, más industriosos, más limpios, que no queremos vivir con vosotros y, sobre todo, que no queremos repartir la pasta con vosotros, piojosos, que sois unos piojosos. El catalanismo ha sido el burro de Troya con el que los xenófobos mantenían la ficción de respetar los pactos constitucionales mientras trabajaban contra la soberanía nacional y los derechos de todos los ciudadanos.

Pese a que los datos demuestran que el catalán se habla más que nunca, TV3 o entidades como Plataforma per la Llengua aseguran que se encuentra al borde de la extinción. ¿Cómo lo explica?

Porque el catalanismo, los nacionalismos, como todas las  formas de populismo, necesita de un espantajo, un enemigo exterior que cohesiona a los míos, el meteorito que acecha. Vive de fabricar pánicos morales y sociales, de señalar la invasión de los bárbaros. Así aglutina a sus falanges, mientras avisa del fin del mundo. Cuando comparan el catalán con el urogallo o el lince ibérico lo que quieren decir, pero no dicen porque viven del bullshit, es que hay que redoblar el apartheid lingüístico y el atropello de los derechos de los hablantes de la primera lengua de Cataluña, que es el español.

En Cataluña las autoridades se pasan por el sacrosanto arco del triunfo las resoluciones judiciales en materia de lenguas. Tenemos el compás político tan averiado que son miles los que consideran facha la reivindicación del bilingüismo y el respeto de la Constitución, la ley y las sentencias. El español, al fin, es nuestra koiné, sirve para comunicarse en Barcelona y en Lugo, en buena parte de Nueva York y en Santiago de Chile, La Habana y Puebla. El cuento de la inmersión, pura ingeniería social diseñada contra los intereses de las clases trabajadoras, es una infamia.

Parte del separatismo suele recurrir al escrache para manifestar su desacuerdo con las fuerzas constitucionalistas. ¿Es una forma de protesta legítima?

Es una forma de protesta que abandona los cauces democráticos, respetuosos con el Estado de Derecho, para adentrarse por las repugnantes sendas del acoso, el matonismo, los piquetes, la violencia contra el disidente y, al cabo, la imposición de los criterios e intereses de una parte mediante el procedimiento de retrotraerse a las más aquilatadas costumbres del fascismo.

Recientemente, Ada Colau agradecía a Òmnium Cultural su “defensa de la cultura y de los valores democráticos, así como del diálogo y la diversidad del país”. ¿Es una descripción precisa de dicha asociación?

Ada Colau es una cáscara vacía, un contenedor posmoderno, una ruina intelectual y la mejor y más desgraciada metáfora de la sima por la que hoy circula la desnortada izquierda española. Quienes todavía defendemos posturas asimilables con la mejor tradición de la izquierda, quienes estamos por el progreso y la ciencia, los que consideramos que las religiones son superchería, estamos a favor de la igualdad, de la libertad, del comercio, de una cierta redistribución para impedir que las condiciones materiales de origen laminen las oportunidades y los proyectos personales, a quienes, sobre todo y ante todo, y con independencia de que sea usted conservador, liberal o socialista, estamos por la nación de los libres e iguales, por la Constitución del 78, porque los distintos vivan juntos,escuchar, un suponer, como la abeja maya reivindica una institución fundada en 1961, ¡en 1961!, por un fascista como Joan Baptista Cendrós, y por un tipo como el empresario Fèlix Millet i Maristany, que estuvo al servicio de Franco en Burgos, por gente que entre otras barbaridades le negó sistemáticamente a Josep Pla el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, no puede sino provocarnos náuseas.

Dicho lo cual Manuel Valls tenía razón y era preferible esta gente en el Ayuntamiento que ERC y Maragall. Que pactan con ellos, sí, que los disculpan, también, que les hacen la rosca para que los acosadores los admitan en el club y a cambio reciben escupitajos, cierto, pero Barcelona en manos de Junqueras y compañía habría sido el Titanic.

¿Y qué opina de la postura de los comunes y Podemos frente al problema territorial?

Mientras la izquierda española no reconozca que el nacionalismo es xenofobia, mientras no admita la trola fundacional del supuesto —muy supuesto— antifranquismo del nacionalismo catalán y vasco, y que más allá de ese teórico antifranquismo, es supremacista y reaccionario, pues no hay mucho que hacer. La postura de los comunes y Podemos frente al problema territorial responde al tacticismo, en plan, Ok, no menos de un tercio de nuestros votantes en cataluña son unos zumbados que consideran legítima la secesión, ergo toca hacerles la rosca.

Al tacticismo y, claro, a una cósmica empanada ideológica. Porque también hay mucho cabeza de huevo podemita, y del PSC, que son los grandes culpables, ojo, los que reparten las bulas morales junto al extinto PSUC y normalizan la tropelía, que entiende como progresista e incluso deseable que un grupo, por regla general un grupo de privilegiados, arrebate al resto de los ciudadanos sus derechos políticos y una jugosa porción del territorio y el PIB.

La Fiscalía pide inhabilitar a Torra veinte meses por no retirar lazos amarillos, símbolos que para el líder nacionalista se encuentran amparados por la “libertad de expresión”. ¿Está en lo cierto?

Que Torra, que escribió las barbaridades que todos sabemos, siga al frente de la Generalitat, es otro ejemplo, uno más, de la catástrofe. Dicho lo cual los demócratas debiéramos de felicitarnos, pues nada trabaja mejor contra la causa del secesionismo, al menos fuera de España, que cuando hacemos circular entre nuestros amigos en el extranjero los deliciosos artículos del eminente diarista. Alguien que admira a unos sicarios, fascistas, como los hermanos Miquel y Josep Badia, asesinos y torturadores.

Ciudadanos ha vivido una crisis interna a raíz de sus acuerdos con Vox y su cordón sanitario a Sánchez. ¿Le parece acertada la estrategia que está siguiendo esta formación?

Con Vox no puedes ir ni a comprar el pan. Son nacionalistas. Y también un puro disparate de cabalgadas desde Covadonga, trumpianas chorradas a cuenta del muro y una patética obsesión con la ingle y el orgasmo ajenos. Una desgracia, a la postre, por cuanto en materia territorial articulan propuestas cercanas al pensamiento republicano francés, casi jacobinas. Aunque entiendo, no me chupo el dedo, que en España son de muy difícil encaje y tocaría nada menos que reformar la Constitución. Ahora bien, que yo sepa Vox respeta la legalidad. Ni acosa, ni hostia, ni arroja botellines con pis ni, desde luego, ha tratado de dar un golpe de Estado.

Sánchez, por otro lado, carece de escrúpulos. Pregunten en el PSOE, donde la escabechina ha sido épica. Sánchez llegó al poder sobre los votos de golpistas y populistas, y mediante el no es no es no es no. Ahora reclama la abstención de PP y Ciudadanos, el fenómeno. Pero no ofrece nada más allá de exigir que se arrodillen porque él lo vale y porque está muy loco y si no le votas agarra, coge y se marcha con ERC, que tiene a la cúpula procesada por presunta organización criminal, y Bildu, o sea, los publicistas del 9 mm parabellum en las nucas de cientos de personas.

En cuanto a Ciudadanos, los veo perdidos desde el error histórico de no permitir que Inés Arrimadas optase a la investidura, por condenada de antemano que estuviera. Y no negaré que en la política española el no es no es no es no depara grandes frutos, pero Ciudadanos, hasta donde yo sé, no nació para fagocitar al PP. Tampoco para transformarse en la casa común de todos los tránsfugas. Diría que la intención era otra. A Sánchez habría que haberle conminado a negociar: “Estas son mis líneas rojas, estos mis poderes”. Pero no ahora, hace meses, antes de empeñar su palabra en las elecciones.

En una entrevista reciente, el periodista Ignacio Escolar criticaba a la prensa madrileña por “desinformar” con respecto a la Educación en Cataluña y crear un problema donde no lo había. ¿Suscribe sus argumentos?

Que lea las resoluciones judiciales. Que lea los artículos de juristas como el catedrático Rafael Arenas García. Es que es maravilloso. Un periodista que se dice de izquierdas y que ignora lo sucedido con miles de maestros en los años ochenta, expulsados por el rodillo pujolista, que pasa olímpicamente del adoctrinamiento, que considera que el problema lo crean los que defienden el bilingüismo, un periodista haciendo de correa de transmisión de la propaganda desovada por unos carlistas, meapilas, racistas, que arrinconaron durante décadas a los trabajadores que llegaron del resto de España, que vivieron de las prerrogativas y concesiones franquistas, y cuya ideología, a la postre, no es distinta de la que enarbola una Le Pen o un Salvini. Como diría Félix Ovejero, la deriva reaccionaria de la izquierda…

¿Cree, como Zapatero, que indultar a los políticos presos ayudaría a apaciguar el escenario catalán?

Tendría que responder Zapatero, al parecer muy curtido en el negociado de indultar delincuentes.  Verbigracia los 18 maltratadores a los que indultó. Imagino que para apaciguar el rugiente heteropatriarcado que nos mata y blablablá. Ya en serio, aunque lo anterior también iba en serio, el separatismo, el nacionalismo, no puede apaciguarse porque vive de los problemas que crea y su razón de ser, su tuétano, es y será el victimismo de índole mafiosa. El nacionalismo, como repite con toda la razón Arcadi Espada, otro de los héroes en la pelea moral e intelectual contra la peste, el nacionalismo es el mal, y con el mal no hay equidistancias ni tercerismos que valgan. La obligación de los demócratas es impugnarlo, combatirlo y, en la medida de nuestras posibilidades, derrotarlo. Sin concesiones.

Por Óscar Benítez


‘50 hazañas de TV3’ es el último libro de Sergio Fidalgo, en el que ofrece 50 ejemplos que demuestran las malas artes de una televisión pública que se ha convertido en una herramienta de propaganda en manos del secesionismo. Insultos al Rey, faltas de respeto a líderes constitucionalistas, manipulaciones informativas... Se puede comprar en este enlace de Amazon. Si lo quieres dedicado manda un correo a edicioneshildy@gmail.com y pregúntanos como pagar.

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