La izquierda radical vuelve a enredarse en su propio laberinto de siglas y egos. Enrique Santiago, portavoz de Izquierda Unida, ha decidido poner freno a las ansias de protagonismo que asoman en el bloque plurinacional. Su última advertencia va dirigida directamente a Gabriel Rufián, cuya sobreexposición mediática empieza a incomodar en ciertos sectores de la coalición gubernamental.
Santiago teme que el debate sobre nuevos liderazgos acabe por «quemar» figuras antes de tiempo. Para el dirigente comunista, abrir ahora esa caja de Pandora es un error estratégico de manual. El mensaje es claro: en el espacio de Sumar no hay prisa por entronizar a nuevos mesías, especialmente si vienen con el sello de Esquerra Republicana.
A pesar de las formas, Santiago ha reconocido que el portavoz de ERC goza de una imagen potente ante las cámaras. Sin embargo, este elogio lleva veneno en la cola. El líder de IU ha recordado que el votante progresista busca contenidos y no simplemente al político que mejor maneja el arte del «zasca» en las redes sociales.
La crítica es sutil pero demoledora hacia el estilo parlamentario de Rufián. Para Santiago, la política espectáculo tiene un recorrido corto si no se sustenta en una base programática sólida. Parece que el lenguaje de las redes sociales no es suficiente para convencer a los ideólogos que prefieren el papel y el boletín oficial.
Esta reacción surge tras el anuncio de un acto público en Madrid entre Rufián y Emilio Delgado, de Más Madrid. La iniciativa busca articular una «izquierda plurinacional» que trascienda las actuales fronteras de Sumar. Es un movimiento que busca desplazar el eje de gravedad hacia el soberanismo, algo que en Madrid genera evidentes recelos.
Desde Izquierda Unida aseguran estar deseando sentarse a hablar, pero solo bajo sus propias condiciones. Para Santiago, la prioridad es el programa y no las caras que lo representen. Es la vieja táctica de la izquierda tradicional para diluir los personalismos que amenazan con desestabilizar el frágil equilibrio de fuerzas actual.
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