El partido entre el RCD Espanyol y el Celta de Vigo cumplió con la premisa de Manolo González: hubo muchos partidos dentro de uno solo. Con ambos equipos separados por apenas un punto, la victoria era el botín ansiado para consolidar la sexta posición local o permitir el sorpasso visitante tras su gran arranque de 2026.
En la primera mitad, el plan gallego se impuso con eficacia. El Celta se mantuvo agazapado, minimizando riesgos y esperando su oportunidad mientras el Espanyol dominaba la posesión sin éxito. Pese a la insistencia blanquiazul, el guardameta Radu desbarató cada ocasión local. La efectividad visitante quedó patente cuando Jutglà, en una contra de solo tres toques, adelantó a los suyos antes del descanso.
La reacción perica llegó tras el paso por vestuarios y la intervención de Manolo González desde el banquillo. Kike García, en una acción de pura fe y obstinación, logró el empate con un potente disparo a la escuadra que devolvió el aliento a la grada. El encuentro entró entonces en una fase de máxima tensión donde el VAR fue protagonista al anular un gol de Borja Iglesias por un fuera de juego milimétrico.
El tramo final fue un intercambio de golpes frenético. Dolan aprovechó una excelente asistencia de Terrats para culminar la remontada y poner al Espanyol por delante a pocos minutos del cierre. Sin embargo, en el tiempo de descuento y con suspense de por medio, Borja Iglesias acertó esta vez para firmar el 2-2 definitivo. Pese al empuje final de ambos conjuntos con el partido ya roto, el reparto de puntos resultó inevitable en Cornellà.
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