Julio Pardo, fallecido en 2018, hoy hubiera cumplido 75 años. En homenaje a este ex presidente perico he rescatado mi prólogo para el libro ‘Conversaciones con Julio Pardo’, publicado en 2011:
Reconozco que tengo debilidad por Julio Pardo, porque fue el presidente de mis inicios en el activismo perico. Fue en 1991 cuando un grupo de amigos fundamos la Penya Universitària Blanc i Blava, que significó mi salto desde la grada de Sarriá, a la militancia social en clave espanyolista. Y aún recuerdo con mucho cariño como fue él, junto a su inseparable Juan Segura Palomares, el que vino a la sala de grados de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona al acto inaugural de la entidad. Pronunció un gran discurso, porque Julio es buen orador, nos dio una placa, y los pocos socios del grupo nos hinchamos como pavos al ver como nuestro presidente vino a arroparnos.
Siempre nos apoyaron en nuestra modesta tarea, y al pobre Segura no hacíamos más que pedirle banderines e insignias para repartir entre nuestros compañeros de estudios. No sé si conseguimos hacer muchos nuevos espanyolistas, pero sí comprobamos que la junta de Pardo se tomaba muy en serio los temas sociales. Cuando poco después me incorporé a la junta directiva de la recién creada Federació Catalana de Penyes, que entonces presidía Agustí Vilà, vi como apoyaban la labor no sólo de nuestra modesta entidad estudiantil, sino de todas.
Y no creo que fuera una percepción particular, porque cuando dejó la presidencia, y comenzó el baile de garrotes que tuvo que vivir durante años, la junta de Vilà le organizó un homenaje en un conocido restaurante barcelonés, cuando ya no estaba ‘de moda’ reunirse con él. Pero hizo mucho por las embajadas pericas, y se lo quisieron agradecer. Bajo su mandato comenzaron los Aplecs de Penyes, y había continuas reuniones con los rectores del club para hablar de todo tipo de temas. Yo estaba en esa cena, y reconozco que fue una de las experiencias más interesantes que viví en aquellos años.
Después le perdí la pista. Pasó Francesc Perelló, llegó Daniel Sánchez Llibre, yo dejé la FCPE, me hice periodista, y pasado el Centenario le volví a encontrar en actos diversos. Comencé a invitarle a mis saraos, y en vez de mandarme a hacer puñetas, se apuntaba con alegría. Descubrí que ambos compartíamos un pequeño vicio gastronómico, las patatas bravas del Bar Tomás, un templo ‘tapero’ de la parte vieja del barrio de Sarriá. Y tuve el honor que participara en la presentación de un libro mío, el Con Dani & Contra Dani y en uno que edité, el de Españoles, el Barça ha muerto, de Álex Riquelme. Y en este último acto, que se celebró en el local de la Gran Penya Espanyolista Manigua, nació este libro. Le comenté la idea, y aceptó.
Pardo es revolucionario hasta en lo único que no escogió, su fecha de nacimiento. Vino al mundo un 14 de julio, un día histórico en la lucha por las libertades y contra las tiranías. Rompió con el pasado al ganar las primeras –y únicas– elecciones democráticas en la historia de la entidad –lo que vino después fueron juntas de accionistas–, con un mensaje rupturista y novedoso. Se enfrentó con las ‘familias’ y se atrevió a plantar cara a los poderes económicos en la sombra del club. Se jugó el tipo yendo a buscar a Rusia a unos desconocidos y fichando de nuevo, con la herida de Leverkusen aún abierta, a Javier Clemente. Desafió a los que querían un club con un accionariado controlado por unos pocos. Le dijo a toda Catalunya que el Espanyol no era una entidad anclada en el pasado, sino «La Força d’un Sentiment».
Demasiados frentes abiertos. Demasiados enemigos. Y al final cayó, fruto del cansancio, del desgaste y de las deserciones internas. Pero dejó al Espanyol como prometió: en Sarriá, en Primera División –a un punto de la UEFA– y con el club en manos de más de ocho mil pequeños accionistas. Ni más, ni menos.
El único ex presidente vivo del club – si nos atenemos a los cuadros colgados en la sala de presidencia del estadio – cumple este año sus sesenta primaveras. Que sirva esta modesta obra, en la que sólo se recogen sus palabras, de homenaje a una figura espanyolista que recibió muchas más tortas dialécticas, y muchos menos aplausos, de los que merecía por su trayectoria en clave blanquiazul. No es un libro de reivindicación, porque esa labor ya la hizo hace años Daniel Sánchez Llibre, como el mismo Pardo reconoce durante nuestra conversación. Espero que ustedes disfruten con su lectura sólo la mitad de lo que gocé yo preguntando y escuchando. Si es así, me doy por satisfecho.
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