En la línea de flotación 

Dada mi imposibilidad de asistir presencialmente, al estar fuera de Barcelona, escribo basándome en referencias y tras documentarme con escritos, imágenes, vídeos y conversaciones con responsables organizativos del evento.

Empezando por el final, como conclusión tras valorar la información disponible, me posiciono en la ambigüedad  que supone considerar el pasado domingo 16 como una fecha agridulce en lo relativo a las movilizaciones de los que nos proclamamos catalanes leales y legales.

Por un lado conviene poner en valor lo peculiar del enfoque, al justificar la queja de la ciudadanía en temas exclusivamente de índole lingüístico, lo que supone un gran valor añadido, movilizando a miles de catalanes por un tema tan próximo como es el idioma.

Pero, por otro, a tenor de las preocupantes noticias que trascendieron, la cita de ayer domingo de “Hablamos Español” en las calles de Barcelona debemos encuadrarla como un punto de inflexión o cambio de escala en el comportamiento incívico de quienes, entre otras paranoias, disfrutan hundidos en la miseria moral del fanatismo discriminador usando como ariete la lengua.

La redefinición de los niveles de convivencia, al contramanifestar convocatorias solicitadas y en disposición de permisos, con llamamientos incitadores y la preocupante connivencia de instituciones y responsables de la seguridad ciudadana, nos alerta ante la descarada posición en favor de unos y en contra de quienes cumplen y reivindican la legalidad constitucional.

No hemos de olvidarlo, ni conviene nos pase desapercibido, ante próximas citas en las que impliquemos a la Cataluña cabal que nos acompaña en nuestras variopintas citas.
Es evidente que el nudo gordiano que los ha sacado del poco juicio que les podría quedar podemos situarlo en el hecho de que, en este caso, el protagonismo radica en un asunto clave como es la lengua catalana, que errónea y torticeramente consideran algo propio y exclusivo.

Hemos aprendido la lección. Como suponían los organizadores, no podemos pasar por alto que para el fanatismo inconstitucional este tema es tabú. La verdadera línea de flotación de quienes abanderan y ven sentido a la febril dolencia secesionista.

Lo digo apenado puesto que me parece desagradable, como le sucede a la mayoría cuerda de catalanes, usar las culturas y las lenguas como herramientas discriminatorias.
El uso sectario del catalán, como buque insignia y arma de alto calibre, dentro del argumentario rupturista y adoctrinador, supone un malestar evidente para los que somos catalanes pero no estamos infectados por el virus lacista.

Queda patente que denunciar el adoctrinamiento escolar fundamentado en mentiras y la prepotencia lingüística, así como meter baza en la tergiversación informativa y el uso de los medios de comunicación monolingües, las dos bazas vitales sobre la que se sustenta el crecimiento de su base social, son situaciones de alto riesgo para los que ponemos en valor la legalidad y no sentimos complejos a la hora de defender España y la lengua común de todos los españoles.

Nada nos va a parar para seguir poniendo en su sitio la lengua española, reclamando que se cumpla la ley y motivando que ésta sea vehicular en la docencia, pese al interés de ciertos gobiernos autonómicos por desacreditar y quitarle el valor que mundialmente tiene.

No faltará  energía para denunciar la situación de injusticia en la docencia por la imposición lingüística del catalán, o para reflejar ante la sociedad la vergüenza que supone la existencia de penalizaciones, exclusiones y/o multas por el uso de la lengua de la mayoría.

Aunque no alcancen a entenderlo, queremos lo mejor para nuestros jóvenes y nos importa cero lo que piensen los fanáticos instalados en el supremacismo.

Siempre estaremos al lado de los que luchen por la igualdad de las dos lenguas constitucionales de nuestra comunidad, haciendo del bilingüismo un privilegio y que tanto el español como el catalán sean usados con equivalencia en aulas, medios e instituciones catalanas.

Para el lacismo el mero hecho de reivindicar un derecho constitucional, además de algo que supone toda la lógica, cordura, razón y expectativas de futuro para nuestros jóvenes, como es la usabilidad y conocimiento de una lengua universal como la nuestra, lo convierten en un abuso frentista y legitima a estos fascistas que, como ejemplo, ayer impidieron el normal desarrollo de un acto con todos los parabienes legales.

Mi solidaridad con todos los que ayer vieron truncados sus derechos y supieron actuar con sensatez ante las provocaciones de los lazis.

Por javier Megino


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