Amigos, os confieso que estoy muy preocupado. Y, conforme pasa el tiempo y se acerca el momento de ir a votar, vamos a peor.
Desde luego, no es que me crea en absoluto las encuestas cocinadas, pero indudablemente generan algo de resquemor atendiendo a la coyuntura ante la que nos encontramos.
Por un lado tenemos un flanco liderado por el aviador Sánchez, declarado aliado y compadre de los populistas de palacete y de los separatistas, con los que sabemos contará para sumar si es necesario y sin dudarlo. Mientras, por el otro, tenemos un frente constitucionalista que, sinceramente, creo que no piensa en lo que es verdaderamente importante, que no son los partidos y sus intereses, sino algo más grande e importante: la nación española.
Muchos sentimos alivio cuando el caballero que ostenta la Presidencia del Gobierno fijó fecha para vernos ante las urnas. Fue una luz de esperanza que convirtió el 28 de abril en un día ilusionante. Una oportunidad para sacar del poder a unos gobernantes necesitados de los separatistas, aunque con una cita electoral múltiple a las puertas intenten camuflarlo y aparentar otra cosa.
Una vez más, no dudo que en las filas socialistas hay patriotas pero, una vez arrinconados, olvidados y ninguneados, no pueden estar a la espera de una purga que sane el mal endógeno del PSOE y seguir callados ante el calvario que supone ver como se pretende finiquitar una nación como la nuestra, de la mano de un partido como el suyo. Reitero el llamamiento, casi necesidad, de que reaccionen y se liberen del fatídico “sanchismo”.
Para colmo, la ingeniería electoral les viene de cara, al vaticinarse una concentración del voto de la izquierda, puesto que queda claro que lo de los chicos de Galapagar ya no cuela.
Los que nos consideramos patriotas y estamos en estos temas por el amor y la defensa de nuestro país, sin intereses partidarios, nos movemos con un enfoque transversal y nos cuesta mucho entender que, si hay unos partidos que sintonizan en lo importante, que es defender España, no se pongan de acuerdo para que se maximice el resultado que pretende ese objetivo.
Si se trata de arrinconar al separatismo y a quienes lo necesitan para seguir tirando de horas de vuelo y lecho en Moncloa, solo cabe plantearles: ¿Qué necesitan para ponerse de acuerdo y pactar presencia electoral acorde al logro de mayorías, sin pisarse unos a otros? ¿acaso no les vale tener en juego algo tan serio e importante como es España? ¿de verdad son tan importantes los ombligos de las diferentes formaciones para no pensar en defender la nación de todos?
Al margen de los socialistas que busquen refugio reaccionando a tiempo, tenemos un centro derecha que cada día está más igualado entre tres, algo que hará perder la mayoría de control en el Senado. Y, saliendo el tiro por la culata, brindará un éxito que reconocerá como vencedor en las dos Cámaras a quienes son la apuesta del separatismo para lograr lo que quieren.
Que los verdaderos patriotas ganemos en número de votos no es importante. El gol entrará por la escuadra y nos lo tendremos que tragar, dándonos todos los cabezazos que queramos contra el muro por anteponer lo subsidiario a lo principal.
Y esta lectura también es válida en muchos municipios. Sin ir más lejos el de mi ciudad que, con tanto fraccionamiento y partidismo, entregará la capital catalana al enemigo separatista, dándoles el buque insignia que es Barcelona para su goce y disfrute.
Reaccionemos, por favor. Por España.
Javier Megino
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