El sermón dominical. Con Albert Boadella en el Far West

Uno no es especialmente aguerrido, pero lo más cercano que he estado del salvaje Far West lo viví ayer en Ok Jafre, localidad del Estado de la Estrella Amarilla (Girona Golden State) a la que acudí para participar, como marshall del Grupo de Periodistas Pi i Margall, en la marcha silenciosa en apoyo a Albert Boadella.

Este dramaturgo vive en este poblado, y algunos de sus vecinos han decidido que lo de opinar libremente no va con ellos. Y como no les gusta lo que dice Boadella, le miran mal, le hacen pintadas en su puerta, le tiran basura a su finca y, la última, pusieron en una pared en una de las salidas de la localidad este mensaje cariñoso: “Boadella, go away”.

Si tuviera caballos, su abrevadero parecería el embalse de Flix, por las sustancias que sus convecinos verterían.

De entrada hay que reconocer que los seres deseosos de hacer la vida imposible a Boadella muy valientes no son. Al enterarse que venía los gacetilleros para cubrir la concentración decidieron borrar la pintada de “Boadella vete”.

Ya se sabe que no son “violentos” y lo suyo es la “revolución de las sonrisas”, así que mejor borrar las huellas. Se quedaron en Billy the kid, cuando lo de hacer una fotografía era algo heroico, así que pensaron que así lograrían engañar a alguien.

Vale, yo también hago trampas al solitario, pero no tomo al resto de la humanidad por idiotas.

Los seres deseosos de hacer la vida imposible a Boadella llenaron las calles de unos carteles (amarillos) en los que no ponían “Wanted. 1000 $ live or dead ”, pero casi. Todo eran frases para intentar demostrar que ellos eran unos grandes amantes de la libertad de expresión, y que era Boadella el intolerante que no respetaba las opiniones de los demás.

Vale, yo también hago trampas en el buscaminas, pero no tomo al resto de la humanidad por idiotas.

Los seres deseosos de hacer la vida imposible a Boadella casi desaparecieron, y prácticamente no hubo comentarios despectivos durante el recorrido de la marcha silenciosa. Como si el dramaturgo fuera un ser fuera de sus casillas y viera fantasmas dónde no los hay, por que en Ok Jafre a nadie se le mira mal por sus ideas.

Vale, yo también hago trampas cuando hago sopas de letras, pero no tomo al resto de la humanidad por idiotas.

Me sentí como Gary Cooper. No por mi apostura, ni por mi gallardía, ni por mi mirada serena. A medida que la comitiva avanzaba, los pocos lugareños se apartaban, se bajaban las persianas de las ventanas y uno de los ‘saloons’ locales cerró su puerta apresuradamente.

Está claro: no fuera que se nos ocurriera entrar, como al mítico sheriff de ‘Solo ante el peligro’ y la tabernera viera comprometido su negocio ante la clientela local. Servir a apestados solo puede traer problemas.

Para nosotros es fácil, subimos un día y le mostramos nuestro apoyo. Y luego nos bajamos a nuestras mansiones en San Luís o San Francisco, dónde todo es más llevadero y no nos sentimos como granjeros a medio camino entre Dodge City y Kansas City. Pero vivir rodeado de todo tipo de seres deseosos de hacerte la vida imposible no ha de ser nada agradable.

Un abrazo para Boadella, que él sí es como Gary Cooper. Por su esbelta figura, su valor, su arrojo y, qué cojones, porque es el ‘bueno’ de la peli, y en las del oeste siempre nos gustaba que ganara el que llevaba la estrellita en la pechera.

Solo que la ‘estrellita’ de Boadella no es amarilla, ni excluyente. Es plateada y brilla como la libertad.

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