El suma y sigue que supone el abandono de la cordura por parte de la Presidencia del Gobierno, en aras a una prórroga de su estancia palaciega en Moncloa, parece que nos aboca a una situación en la que debemos estar prevenidos ante el cúmulo de sorpresas que nos puede deparar el día a día.
Si lo pensamos fríamente no va a ser nada del otro mundo. Con la trayectoria acumulada por el inepto presidente que tenemos, soltando lastre y cediendo en favor de los que le han agarrado por la entrepierna, ya estamos vacunados ante los agravios generados con su política de cesiones sin miramientos. Todo vale a cambio de alguna noche más con servicio doméstico y acceso a la flotilla de aeronaves presidenciales.
Nadie negará que nos encontramos ante el peor presidente de la democracia, el menos capacitado y más necesitado del bombo y platillo. Y, de una forma más que sorprendente conociendo el nivel exigido para batir el récord, ha mostrado su capacidad de superar al ilustre Zapatero. Un mínimo que, para la mayoría sensata de ciudadanos, parecía inalcanzable.
Hasta la fecha habíamos acumulado unos cuantos detalles de clara sumisión, que no viene a cuento enumerar para evitar indigestiones, pero el denominador común era que no requerían de acople presupuestario en las cuentas del Estado. Ahora, en la presente oleada de concesiones, las demandas del separatismo ya tienen incidencia en dichas cuentas, trastocando los equilibrios territoriales en términos de inversión y dotaciones.
Pero hacer de los ricos más ricos, con el baboso afán de colmarlos, parece que no da resultados por el momento. El ansiado abrazo con el separatismo, añorado por el “sanchismo” (no hablo del socialismo) se demora, pero que nadie dude de que estamos ante una teatral escenografía.
Estoy convencido de que, sabiendo todos los réditos alcanzables con este Gobierno de risa, los líderes del separatismo están haciéndose de rogar reprimiendo de forma muy planificada los deseos de lanzarse a sus brazos. Han de sopesar el alcance del límite en sus exigencias que, esperemos, no llegue a los umbrales de riesgo y movilización social que puede suponer que el patetismo presidencial valore términos tales como indulto o autodeterminación.
Pero que nadie dude de que hablamos de un amor compartido y correspondido. El presidente quiere y necesita a sus amigos indepes, mientras éstos están enamorados sabiendo que puede darles todo lo que pidan incluyendo, si fuese necesario, la nación española. Esperemos se despierte de su sueño ególatra antes de que se le escape de las manos el tema.
Es una pena que la dinámica gestual del Gobierno sea de condescendencia con el enemigo separatista (el término es ese, “enemigo”, porque van en contra de España), cuando el gesto deseable hubiese sido el famoso corte de mangas del Presidente Boadella en su campaña tabarnesa, como respuesta a las peticiones y exigencias de los golpistas violentos al negociar su humillante apoyo en el trámite presupuestario.
Ahora bien, conviene tener claro que el boomerang tiene una trayectoria de vuelta. Con todo lo acontecido, más lo que nos espera, se está logrando despertar el sentimiento de los que no nos tiembla el pulso a la hora de defender a España y los españoles. El tsunami pasará por encima de todas las medidas vergonzantes, por lo que el tiempo hará suyo el dicho de que “no hay mal que por bien no venga”… y el boomerang volverá a buenas manos.
Javier Megino
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