Junts está muy preocupado por la efervescencia de Alianza Catalana. El partido de Silvia Orriols recoge lo que es el espíritu de la vieja Convergència de la ‘sensibilidad’ de Marta Ferrusola, una formación supremacista que miraba con desprecio a lo que ellos llaman «españoles» y «moros».
Esa Convergència ‘ferrusoliana’ recogía el voto de los que miraban con desdén a los amigos de sus niños que jugaban con ellos en español en el patio o en el parque infantil. Era el voto de los que creen que hablar en catalán proporciona una estructura mental mejor que la que tienen los que hablan en español y que te proporciona una visión del mundo más «europea» y «civilizada».
Era el voto de los nacionalistas catalanes que se creen mejores y superiores. Es lo que Jordi Pujol y los suyos sembraron durante décadas y que ahora Orriols está recogiendo tras los pactos de Puigdemont con los que antaño llamaban «partidos del 155», como el PSC.
Es normal que un personaje como Orriols, que ha puesto cinco nombres a sus hijos (Guinedell, Queralt, Violant, Peronella y Fortià) que son dignos de una antología del catalanismo exclusivista, seduzca a aquellos nacionalistas que creen que su identidad catalana está amenazada por los recién llegados y por los que «se empeñan» en hablar español, lengua a la que consideran el idioma de los «invasores».
Orriols suena mucho más auténtica y veraz que un Puigdemont que presume del exilio pero que en realidad pacta con Pedro Sánchez y negocia prebendas para él y los suyos. Además en la Cataluña rural Orriols no sólo va a quitarle votos a Junts, ya que también ERC está amenazada por el esencialismo de Alianza Catalana. Por eso poco a poco los vetos se van levantando.
Ahora es Junts el que ha iniciado el debate para romper el cordón sanitario contra Alianza Catalana. Pero más pronto que tarde también se añadirá Esquerra Republicana porque cuando Orriols se convierta en una fuerza decisiva dentro del separatismo las entidades y partidos rupturistas no podrán prescindir de sus votos para seguir con la agitación del «ho tornarem a fer».
Ahora el separatismo está en fase de reagrupamiento y acepta a Illa como solución para acabar de desmontar lo que queda del Estado en Cataluña mientras ellos reponen fuerzas. Cuando llegue el momento de la nueva intentona Orriols será necesaria y por lo tanto formará parte del nuevo golpe de Estado. Ya lo dijo Artur Mas hace unos días: «Nosotros mantuvimos negociaciones con la CUP». Siguiendo esta lógica, ¿por qué no van a aceptar unos y otros a Alianza Catalana?
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