El Palau de la Música Catalana, joya del modernismo y patrimonio de la humanidad, ha vuelto a ser escenario de un espectáculo que poco tiene que ver con la excelencia coral. Lo que debería ser una cita de unión y tradición navideña para todos los catalanes se ha transformado, un año más, en un «aquelarre» ideológico. El respeto por la cultura parece haberse rendido ante la urgencia de la propaganda política.
Desde la platea hasta los pisos superiores, el despliegue de banderas esteladas ha convertido el auditorio en un paisaje monocromático y excluyente. Esta coreografía, perfectamente orquestada, anula cualquier intento de neutralidad en una institución que se financia en gran medida con el esfuerzo de todos los contribuyentes. La música, en este contexto, pasa a ser un mero acompañamiento para la consigna del día.
El momento culminante llegó, como es habitual, con la interpretación del «Cant de la Senyera». Lo que es el himno del Orfeó Català fue utilizado como señal para que los coros y el público estallaran en gritos a favor de la independencia. Es lamentable observar cómo una pieza de tal belleza y carga histórica es secuestrada para servir a los intereses de una facción política concreta.
El silencio de los sectores moderados ante este atropello estético e institucional es ensordecedor. Se ha aceptado como algo «tradicional» que el concierto de San Esteban sea una plataforma de reivindicación separatista. Sin embargo, no hay nada de tradicional en excluir a aquellos ciudadanos que no comparten el proyecto de ruptura y que también consideran el Palau como su casa.
Es imperativo recuperar la dignidad de nuestras instituciones culturales más emblemáticas. La cultura debe ser un puente, no un muro de banderas que impida ver la realidad de una sociedad plural. Seguir permitiendo que el sectarismo se adueñe de las butacas es un error que debilita la convivencia y degrada el prestigio internacional de nuestra música.
El dinero público no debería servir para sufragar actos que se convierten en mítines políticos encubiertos. Si el Orfeó Català y el Palau desean ser el brazo cultural de un movimiento político, deberían renunciar a la financiación de aquellos a quienes deciden ignorar o despreciar con su puesta en escena. La coherencia debería ser el primer requisito para gestionar el patrimonio de todos.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.


















