La familia es la columna vertebral de la sociedad; el pilar esencial de la civilización. La familia es una institución milenaria de la que se originan sociedades ordenadas y que nace de la unión de un hombre y una mujer que tienen descendencia. Todas diferentes pero compartiendo un elemento común: el vínculo del parentesco que se transmite de padres a hijos. En ella se forman los valores, se aprende a convivir y se construye el tejido emocional que sostiene a las personas a lo largo de sus vidas. El apego es un factor clave para la protección y seguridad de los menores que ven en sus progenitores sus referentes vitales, su modelo a seguir.
Actualmente sufrimos unas élites que imponen una visión ideologizada de la familia con la única finalidad de destruirla y construir comunidades de seres individualistas, desapegados, sin referentes y absolutamente vulnerables. En definitiva: seres manipulables y dispuestos a obedecer al poder sin mostrar oposición.
Pero vayamos a nuestro día a día. En un contexto de falta total de soluciones habitacionales, una creciente precarización económica, un aumento asfixiante del costo de la vida y una desconexión absoluta entre las instituciones y la realidad social, las familias sienten que el Estado no las apoya de manera suficiente ni coherente.
La conciliación laboral y familiar representa un sueño para muchos, el acceso a las guarderías públicas es inasequible para la mayoría y las familias monoparentales, numerosas y vulnerables siguen siendo las grandes olvidadas. ¿Dónde está el compromiso real con la educación gratuita y de calidad, el acceso a la vivienda o los incentivos fiscales para las familias trabajadoras?
No proteger a las familias tiene consecuencias sociales y económicas graves. Cuando los gobiernos no invierten en apoyo familiar, aumentan las desigualdades, la pobreza infantil se dispara y la cohesión social se debilita. Varios estudios demuestran que los países con políticas familiares contundentes no solo tienen tasas de pobreza más bajas, sino también economías más sólidas, gracias a una mayor participación laboral y a un mejor rendimiento educativo de las futuras generaciones.
Es urgente que los gobiernos y las instituciones tomen la protección a la familia como una prioridad y la sitúe en el centro de las políticas públicas. No se trata de medidas aisladas sino de una estrategia integral que abarque desde políticas de empleo, vivienda, salud y conciliación hasta el reconocimiento, el apoyo y la protección a la familia.
Invertir en familia no es solo una cuestión de justicia social, sino una apuesta por un futuro y una sociedad más fuerte y cohesionada. Proteger a la familia es una obligación moral y política y no una cuestión privada y desvinculada del interés colectivo. Las familias no solo crían a los ciudadanos del mañana; son el tejido que sostiene a nuestra comunidades, el corazón de nuestra sociedad. En definitiva, proteger a la familia es protegernos a todos.
Alicia Tomás, portavoz del Grupo Municipal de Vox en Terrassa.
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