Toda obra de arte puede interpretarse como un remedo de la sociedad en la que vive, o si se quiere puede ser una metáfora del mundo que le rodea. El propio García Márquez nos lo señaló cuando dijo aquello de «La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla»».
Lo que no se puede negar es que los momentos que estamos viviendo con el arresto, que define mejor nuestra realidad, que otros llama confinamiento, será contada de diferentes formas, por aquello que ya señaló Campoamor : «Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira».
La novela de García Márquez narra las desventuras de un coronel del que no se sabe ni nombre de apellidos. Igual que los españoles, que tienen numerosos apellidos y por eso se denomina «el pueblo español». Es ese por el que los políticos y políticas (por aquello del lenguaje sexista) todo lo que lo que hacen, lo hacen en su nombre.
Y a pesar de reuniones y reuniones y horas y horas de explicaciones, a este pueblo le ocurre lo que al coronel que lleva años, en este caso español, algún mes y muchos días esperando que llegue alguna explicación convincente de este confinamiento para unos, arresto para otros.
Ambos términos describen de una manera palmaria lo que le está aconteciendo. Según la 2ª acepción del diccionario: “Pena de privación de libertad, por un tiempo generalmente breve, impuesta por un juez o un tribunal, ordinario o militar.”. En este caso por el presidente del Gobierno con anuencia del parlamento, donde reside la soberanía del pueblo.
Hasta aquí todo legal. Entonces cómo se explica que a estas alturas del “arresto / confinamiento” a una parte significativa de ese pueblo le merece poca o ninguna confianza (al 47,8%) la labor del gobierno.
El coronel malvive en esa espera y cada vez más se da cuenta que el tiempo pasa y no acaba de ver que a pesar de haber servido y sacrificado su vida cumpliendo su deber, su pensión no le llega y por ello está abocado a vivir cada día peor.
Para García Márquez su obra es sobre la esperanza y la resignación, sobre las consecuencias de mantener los principios y la dignidad personal en una sociedad corrompida.
Para los que han leído el libro encuentran similitud con la realidad que están viviendo, sobre hasta qué punto hay que mantener la paciencia, la integridad personal en un mundo donde los hombres de valor y principios, como el coronel, han sido dejados en el olvido y sobrepasados por la ambición de poder político y económico de sus antiguos compañeros de lucha.
Si se reflexiona sobre el espectáculo que están dando algunos políticos españoles (catalanes, castellanos, vascos, gallegos, andaluces…) para desgracia de ese pueblo, ”coronel simbólico”, es triste, mientras se ven pasar los cadáveres de muchos españoles, para mayor “inri”, ancianos que se han dejado la piel en estos 40 años para construir un mundo mejor que el que ellos recibieron en su juventud.
Hasta con guerra civil, incluida, y que a pesar de todo construyeron un mundo mejor del que le dejaron sus ascendientes. Y hoy sus descendientes son incapaces de poder hacer lo que ellos hicieron en 1978.
A pesar de las divergencias y ante una alarma general y la necesidad de una unión, en 1978 apartaron, de verdad, las diferencias extremas y construyeron algo que todo el mundo hasta ahora, reconoció que han sido una años en que se ha podido vivir en paz, en una sociedad mejor que la que a ellos les tocó vivir.
Queda el consuelo que bastante políticos españoles actuales lean la obra de García Márquez y sean capaces de cambiar el final y que el coronel por fin le llegue la carta con la concesión de su pensión para que pueda vivir con dignidad.
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