Este pasado lunes, el Govern separatista de Pere Aragonès imponía unas severas restricciones ante el avance del COVID-19, algo sorprendía a propios y extraños.
Este miércoles se llevará a cabo una reunión de presidentes autonómicos donde el ejecutivo catalán se va a quedar solo en la defensa de unas restricciones tan severas que acarrearan más problemas económicos a los ya de por sí existentes.
El Gobierno no considera necesaria la aplicación en toda España de las medidas para frenar la sexta ola anunciadas por Cataluña, que quiere cerrar el ocio nocturno, limitar los aforos en bares y restaurantes, reducir a 10 el número de comensales en las reuniones familiares y recuperar el toque de queda de 1 a 6 de la madrugada.
Todas estas restricciones, a solo tres días de Nochebuena, son muy similares a las de la pasada Navidad, pero el Ejecutivo considera que el momento actual es otro, debido a la elevada cobertura vacunal, que ha provocado que el número de hospitalizaciones y muertes sea muy inferior al de las olas anteriores.
«Tenemos los indicadores disparados y la situación es crítica. Ante una situación como esta, el Govern no puede quedarse de brazos cruzados. Tenemos que actuar y hemos actuado. Quedarse de brazos cruzados no era coherente ni responsable. Hubiera sido temerario, una inhibición«, afirmó este pasado martes el presidente de la Generalitat, quien cabe recordar el pasado sábado participó en una manifestación contra el castellano, a la cual alentó a los catalanes a asistir, demostrando su tremenda irresponsabilidad.
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