La actual pandemia de Covid-19 ha propiciado, además de confinamientos locales y totales en nuestro país, que los ciudadanos pasen mucho más tiempo en sus domicilios, disminuyendo la vida social y la estancia en locales de hostelería. Esta situación, junto a la tensión emocional y las consecuencias económicas y sociales que genera la epidemia, ha motivado que se haya producido un aumento de las compras de bebidas alcohólicas para consumir en los hogares.
Es importante reducir el consumo de bebidas alcohólicas para evitar que se conviertan en sustancias refugio para intentar desviar la atención de los problemas. Si no se controla su ingesta se pude producir adicciones a medio y largo plazo. No sirve como excusa el «relajarse» en el hogar para atenuar los efectos de la reducción de la vida social causada por el Covid-19. Sus efectos a largo plazo pueden ser muy perniciosos, por lo que se ha de evitar un aumento del consumo de estos productos.
Es imprescindible recordar que el alcohol ni relaja, ni alivia el estrés. Al contrario, puede generar estrés y ansiedad y alterar notablemente el sueño. Además de causar a medio plazo problemas en nuestra salud, reduce la capacidad para afrontar los problemas y afecta a las relaciones con los miembros de la familia, máxime cuando en la actual situación de pandemia, y de reducción de movimientos, muchas personas pasan más tiempo con los allegados con los que conviven.
También es importante tener en cuenta que el alcohol no sirve como remedio para reducir el dolor de las enfermedades crónicas, y que además su consumo habitual aumenta la sensibilidad al dolor, aparte de deteriorar la salud en general. Como su ingesta reduce la capacidad de autocontrol, se facilita que no se pueda seguir todas las recomendaciones sanitarias a causa de la epidemia de Covid-19, lo que puede facilitar el contagio por coronavirus.
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