Érase una vez una tele autonómica que, mal que bien, la controlaban los gobiernos de Jordi Pujol. Cuando digo mal que bien, quiero decir que tanto control no evitaba ciertas disonancias cognitivas entre unos comisarios políticos que eran los que eran, y como eran, y unas redacciones jóvenes y a menudo decantadas hacia lo que entonces se entendía por ser de izquierdas en Cataluña. Cuando ser de izquierdas en Cataluña involucraba cierta resistencia al nacionalismo.
Han envejecido todos muy mal. TV3 ha perdido gran parte de la frescura, el desparpajo y hasta la ingenuidad que en un primer momento la convirtió en la tele de referencia de una apreciable mayoría de catalanes. Una plantilla envejecida y llena de vicios ha dejado de considerar de buen tono ser o parecer independiente (no de España: de las consignas de la Generalitat), mientras que los sucesivos tumbos parlamentarios han ido abriendo formalmente el melón de quiénes y cuántos controlan la tele. Pero curiosamente, cuantos más partidos parece que entran en el bombo, menos transparencia y menos democracia real hay.
Con el actual statu quo se necesitan tres grupos parlamentarios para repartirse el pastel de la CCMA. Ojo al dato de que la última renovación se dejó pudrir hasta el infinito para, y les juro que esto lo he leído textualmente en un reciente artículo de periódico: “impedir que el turno de ERC saltara por culpa de los resultados electorales de 2017”. Traducido al cristiano: cuerpo a tierra mientras Ciudadanos fue la primera fuerza en el Parlament, y no se habrían podido renovar TV3 ni Catalunya Ràdio ni muchas más cosas sin darle entrada en estas estructuras. Como esto mucha gente, empezando por el PSC, no lo concebía, pues hala, a meterle tiempo y pedal hasta encontrar una coyuntura más propicia a que lo de siempre quede pues eso, entre los de siempre.
La pérdida de músculo de lo que podríamos llamar los convergentes de toda la vida en el imperio mediático público catalán, que hoy en día vale menos por lo que programa que por lo que contrata (empezó siendo un medio de propaganda que costaba mucho dinero, y ha acabado siendo la excusa para que algunos ganen mucho dinero con la excusa de la propaganda..), no ha ido acompañada de una mejora de la calidad periodística ni mucho menos democrática del producto. TV3 es hoy más de “izquierdas”, si entendemos por de “izquierdas” que PSC y ERC también metan mano. Pero, como dicen a menudo en el África descolonizada, los nuevos mandamases son igual o peores que los antiguos.
Si lo piensas es normal cuando cada vez son más a repartirse menos, o lo mismo. Servidora y todo el grupo parlamentario de Ciutadans nos hemos dejado el alma y las pestañas para conseguir los contratos de TV3 con productoras como Mediapro, Minoria Absoluta, El Corral del Humor (Peyu & Jair) o La Manchester (Planta Baixa). Meses de jugar al ratón y al gato nos ha costado reunir una montaña de “Corpo papers” que dista mucho del ideal de transparencia que pedíamos, y que aún así nos ayudarán a hacer una especie de auditoría artesanal que pone los pelos de punta. Muy de punta. Volveremos sobre ello varias veces en los próximos meses. Puede que incluso años.
Vaya por delante un detalle significativo en dos sentidos: Minoria Absoluta, la productora de Toni Soler, se embolsa cada año más de 1.600.000 euros (IVA aparte) sólo por esa especie de club de la comedia entre amiguetes que es el Està Passant, y más de 3 millones (IVA aparte) por el Polònia. Eso es así año tras año tras año, sin contar muchas otras producciones externas y asociadas, encargos y sinecuras. Normal que en un momento dado tuvieran que recurrir a los mismísimos fondos europeos de la Covid para pagar Polònies. Aún así, se empieza a notar que el presupuesto es el mismo desde 2016: el producto no es mucho menos lo que era. Es como un Jaguar de quinta mano, carísimo, pero que gasta un huevo, carbura mal y ya no sabes dónde aparcarlo.
Hace tiempo que insisto en que, si hablamos de TV3, olvídense, aunque a veces cueste, del “Puta Espanya”. Las palabras clave no son esas sino: “Follow the Money”. Vamos a asistir en las próximas semanas y meses a una bestial ensalada de hostias por ver quién se lleva los dineros, los muchos dineros públicos que llueven sobre TV3, no para ser “el motor del sector audiovisual catalán”, como pomposamente presumen, sino para mantener a una serie de empresas y productoras que, de no existir TV3 y de no ser TV3 como es, tendrían que cerrar. De hoy para mañana.
Les decía que habrá lío porque se empiezan a notar los ganadores y los perdedores del reparto. La cara larga de Pilar Rahola es un poema. El cese fulminante de Vicent Sanchis, también. A ver, que Sanchis ya se sabía que se tenía que ir. Pero es muy elocuente que se haya podido tirar tantos años haciendo lo que le daba literalmente la gana, sin rendir ningún tipo de control, y sólo en tiempo de descuento, cuando sobre todo al PSC le interesaba adelantar sus peones por ejemplo en la dirección de informativos (¡elecciones municipales a la vista!), y no digamos en la adjudicación de negocio, bueno, pues justo entonces hayan descubierto que estaba tan pringado en incompatibilidades y vendettas varias, que no se podía quedar ni mientras le buscan sustituto.
Mientras se celebra un “concurso público” que más bien parece el juego del amigo invisible, tendremos en la Corpo directores interinos y una presidenta, Rosa Romà, que a la mínima que le preguntan algo comprometido, o no lo contesta o directamente dice que le duele la cabeza y se toma vacaciones de control parlamentario.
Con Sanchis desaparece una determinada TV3, desacomplejadamente de parte, negociante y hasta quinqui, la TV3 per cent que investiga el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, pero no se crean que en su lugar va a florecer la BBC. I ara. Casi les diría que lo que viene va a ser peor.
Porque con Sanchis se va un tipo de intransigencia indepe que no se cortaba de hacer una TV sólo para el 52 por ciento del 52 por ciento de la gente que mira la tele en Cataluña, pero que aún así aspiraba a caer bien. Aún recuerdo su expresión de genuino dolor, la de Sanchis, cuando en su última comparecencia ante la comisión de control de la Corpo, le afeé salir de la dirección de TV3 “con deshonor y con la cara roja”. Habrá que ver la cara de los que entran ahora, que por lo que parece puede ser bastante más dura.
Y ya que Sanchis sale… ¿hacia adónde? ¿A dónde se irá? ¿Dentro o fuera de la fatídica noria de puertas giratorias que por ejemplo ya transportó a Mònica Terribas de TV3 a la dirección del diari Ara y a Mediapro, y ahora a la cúspide de Òmnium? ¿Será verdad que todo esto que dicen que va a ir a concurso ya está dado, y que David Madí y Pepe Antich, que aparentemente se habían quedado fuera de todo, tienen garantizado colocar sus peones televisivos, de prensa y hasta radiofónicos, en detrimento de los grupos hegemónicos de toda la vida, bajo el ala protectora del conseller d’Economia, Jaume Giró?
Perdonen que no deje de insistir: la Cataluña del procés es como la Cuba castrista, una carrera acelerada hacia la ruina, con los tiburones dando vueltas en círculo, las fauces abiertas de par, comiéndosenos vivos a todos. O lo paramos a tiempo, o no va a quedar más que un montón de huesecillos. Roídos hasta el tuétano.
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