En 1966 el novelista norteamericano Harry Harrison escribió una novela titulada “¡Hagan sitio!¡Hagan sitio!” una distopía sobre el mundo de los Estados Unidos en el 2022. Como verán falta dos años para que aquella fabulación se hiciera realidad. La novela, como es lógico, tuvo su eco. Pero será el film de 1973 de Richard Fleischer titulado “Cuando el destino nos alcance” (en el original, “Soylent Green”) basado en la novela que alcanzó bastante fama mostrando una realidad angustiante del mundo.
La trama es sencilla, describe como el hacinamiento, la industrialización en una Nueva York con 40 millones de habitantes que malviven comiendo unas galletas que se llaman Soylent rojo y Soylent amarillo, sintéticas, elaboradas con los avances ecológicos más excelente. Obviamente los que gobiernan la ciudad no comen esas galletas, porque ellos viven aislados en edificios lujosos y no en pisos hacinados y tienen acceso a verduras, frutas, etc.
Robert Thorn (Charlton Heston) detective, cuida a su amigo anciano Roth (Edward G. Robinson) ex profesor, que como apodo amigable le llaman “el libro”. Roth le ayuda a investigar los casos y se refugia en los recuerdos de los tiempos idílicos del planeta habitable y maravilloso con ríos de agua, sol, frescos atardeceres, árboles, flores etc., Thorn le escucha, pero es incapaz de concebir ese mundo en esa contaminada ciudad de Nueva York y del mundo que le ha tocado vivir y pasa de las historias de su amigo.
A Thorn le encomiendan analizar el asesinato de uno de los principales accionistas de la compañía de Soylent. Viendo el lugar del crimen observa que el muerto tenía en su casa cosas que no podía ni figurar que existieran, alimentos insospechados, licores, agua caliente, jabones, perfumes, aires acondicionado elaborado por aparatos sofisticados que pueden hacer olor a mar, a pino, a montañas…
Thorn le pide a Roth que le ayude a investigar quien era el asesinado, y para no hacerles larga la narración, este fue asesinado por los directivos de la compañía, pues tenían sospechas de que hablara, que realmente las galletas no tenían como materia prima los descubrimientos ecológicos que se decían en la propaganda, ya que la materia prima eran los cadáveres de las gentes que morían en la ciudad.
Como toda obra artística el film tiene un contexto y la novela, de 1966, se sitúa en los años del pavor de la guerra fría, el terror de lo nuclear, el enfrentamiento de la URSS y los EE,UU y el miedo a la destrucción del planeta.
El arresto que estamos teniendo, me gusta más llamarlo que confinamiento, a cada quien le puede retrotraer pensamientos vividos, algunos como al escritor Martin Melero, les recuerdan películas como “La Soga”, o su “La Ventana indiscreta” de Alfred Hitchoock, o “El anacoreta”, de Juan Estelrich March, escrita por Azcona. Yo soy más dramático y me inclino por este film, pues la pandemia, por primera vez mundial, nadie sabe cómo saldremos de esta.
A pesar de los avances de la ciencia hay gobernantes, es decir clase privilegiada, que se empecina en negar las evidencias. Bolsonaro, Trump, López Obrador, Ortega o mienten sobre ella y no dicen las verdad de lo que ocurre. Johnson, Xi Jinping o no atinan o llegan tarde como los que nos han tocado en nuestro entorno, o toman medidas extremas como Rodrigo Duterte.
Pero no todos son situaciones negativas. Para nosotros, los ciudadanos que vivimos en la Autonomía catalana, sabemos, porque así nos lo han declarado los dirigentes actuales de la comunidad autonómica, y hasta alcaldes o diputados, que podemos estar tranquilos, que si llegamos a ser una “República” dirigida por ellos, en ella la gente vivirá feliz y contenta no habrá problemas y sobre todo no moriremos, como le pasa al resto de españoles.
Pues ellos gestionaran la “República” de tal manera que esto no será el mítico Shangri-La, sino Paraíso terrenal antes de que la nefasta serpiente, suponemos que española, engañara a Eva.
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