Algunos hombres buenos es una magnífica película en la que el conflicto entre la obediencia debida y el respeto a las normas, especialmente en democracia, se nos plantea con toda su crudeza.
La película relata la muerte del soldado William Santiago como consecuencia de la aplicación de una sanción disciplinaria en forma accidental por un soldado y un cabo. El caso, sucedido en la base de Marines de Bahía de Guantánamo, Cuba, llega a la plana mayor del ejército y un joven abogado, brillante como litigante, Daniel Kaffe, debe tomar la defensa del caso. Asuntos Internos cree que pudo haber sido aplicado un Código Rojo, sanción que no figura en ningún manual, pero que obviamente se aplica en zonas de conflicto.
El teniente Daniel Kaffe interrogó al coronel Nathan R. Jessup, y le preguntó: ¿Ordenó usted aplicar el Código Rojo?
El Pleno de la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo nos dice que en un sistema democrático no cabe la exención de responsabilidad por razón de la obediencia debida.
No caben en nuestro ordenamiento jurídico, y esto afecta desde luego a las Fuerzas Armadas y a la Guardia Civil, mandatos antijurídicos obligatorios entendiendo por ello cualquier mandato obligatorio que vaya contra la Ley o el Derecho.
No es posible ocultarse detrás de una orden para incumplir una ley y no tener responsabilidad. Nadie está por encima de la Ley.
Hay obligación de obedecer al superior en relación con toda orden que se encuentre de acuerdo con el ordenamiento jurídico, y correlativamente hay obligación de desobedecer toda orden contraria al ordenamiento jurídico. No debe confundirse la obediencia jerárquica con la obediencia debida.
En España, una orden ilegal proveniente presuntamente de la superioridad, del Ministerio del Interior, ordenó a la Guardia Civil investigar los mensajes en redes sociales que pudieran generar desafección social, desapego o crítica a la acción del Gobierno durante la crisis del coronavirus. Algo claramente ilegal.
«El honor es mi divisa» es seña de identidad de la Benemérita y siempre ha sido compatible con la lealtad al Gobierno de de turno y el respeto a las libertades democráticas, sin exclusiones y en toda la cadena de mando.
España no es Guantánamo, Siria, Iraq, Afganistán, el Sahel o cualquier otro lugar del mundo en el que se libre un conflicto bélico, dónde el dilema entre libertad y seguridad sea inconciliable.
España es una democracia plena, con división de poderes y un poder judicial independiente.
Cualquier restricción o suspensión injustificada de nuestros derechos fundamentales es un paso hacia el abismo al que no pueden arrastrarnos, por mucho lenguaje bélico y miedo que quieran infundirnos desde La Moncloa. Y la Guardia Civil lo sabe.
Sergio Santamaría
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