Quim Torra sigue demostrando lo que es, un sectario que desprecia a todos los catalanes que no son secesionistas. Quedó claro en sus tuits y en sus artículos, y los ha reiterado al visitar La Moncloa con un lazo amarillo en la solapa.
El lazo amarillo no es un símbolo inocente, porque indica que quién lo lleva defiende que España no es un país democrático, dado que afirma que hay “presos políticos”. Y en una democracia no se encarcela a nadie por sus ideas.
Y cómo España es una democracia consolidada, la mera afirmación que existen presos políticos es una ofensa para los millones de españoles que lo han dado todo para convertir a nuestro país en un Estado de derecho, miembro del club de democracias más selecto del mundo: la Unión Europea.
Que el lazo amarillo haya entrado en Moncloa, símbolo del Gobierno que representa a todos los españoles, es una falta de respeto inmensa. Quim Torra se ha vuelto a pasar de la raya y ha demostrado que se cree superior, como buen supremacista que es. Extremo que ha demostrado en sus escritos de los últimos años.
Si Pedro Sánchez quiere demostrar voluntad de “diálogo” no debería ser a costa de la dignidad de los ciudadanos a los que gobierna. Alguien del Gobierno de España le tendría que haber dicho a Quim Torra que con lazos amarillos no se entra en el Palacio de la Moncloa.

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