Compromiso

Supongo que, para la gran mayoría, es un profundo orgullo ver representantes de nuestro país en cualquier faceta de índole cultural o deportiva, deseándoles el mayor éxito y, siempre que sea posible, la victoria.

En mi caso reconozco que me siento eufórico con los triunfos y apesadumbrado con las derrotas, independientemente de que sea en competiciones de parchís, bailes latinos, vóley playa, entregas de estrellas Michelin, en los Nobel, las 24 horas de Indianápolis o una partida de canicas.

Como fanático de mi nación, que no siento vergüenza alguna en reconocer, cualquier momento o actividad en donde algún compatriota se convierte en la imagen de España dispone de mi total apoyo y respeto, partiendo de la base de que dicha representación tiene lugar con el lógico convencimiento y compromiso que, como el valor en la mili, se le suponía.

Al hilo de lo anterior debo diferenciar dos situaciones antagónicas y, para ejemplificar el argumento, me voy a centrar en la comparación de un ídolo deportivo como es, para el que firma, el jugador de baloncesto Jorge Garbajosa, respecto de los chavales que hemos mandado a Portugal para dar el cante en Eurovisión.

Siempre me ha gustado el baloncesto y, dentro de esa modalidad deportiva, he sido fan del actual presidente de la Federación Española. Una verdadera garantía anotadora en el perímetro y un buen reboteador bajo canasta.

Pero, al margen de una efectividad que le llevó a ser jugador de la NBA, el detalle que me llegó al alma convirtiéndolo en ídolo personal fue su respuesta en una entrevista de hace ya muchos años. En ella le preguntaban por su infancia y su significación en favor de uno u otro equipo.

La respuesta de este madrileño de Torrejón de Ardoz es la que colma el sentir de gente como yo. Dijo claramente que él no era de nadie en concreto, sino que se veía representado cuando jugaba el equipo de todos, la selección nacional, el equipo de España. Ni que decir tiene que me ganó por y para siempre.

Llegar a ser en la actualidad presidente de la FEB debe ser el colmo, para una persona que lo tiene tan claro y ha dedicado su vida a ese deporte. Nadie puede dudar de que, en sus representaciones como integrante del equipo nacional, lo daba todo, siendo un claro ejemplo de compromiso y convicción, obviando aspectos tales como la repercusión mediática, el dinero, la fama o el ego.

Por otro lado, como podéis imaginar, no oculto que también me ha gustado ver siempre el Festival de Eurovisión, especialmente el momento del reparto de votos. Y no debo achacarlo a rondar la cincuentena, porque la generación que viene detrás sé que tampoco le desagrada tragarse dicha cita televisiva anual, pese al ridículo que nos caracteriza edición tras edición.

Particularmente he perdido la fe en ganar algún año dicha gala, aunque confieso que surgen dudas tras ver que el año pasado se alzaba con el primer puesto al cantante portugués con su fado, lo que dejaba en entredicho el argumento consabido del voto geoestratégico que, como todos sabéis, es la gran e inigualable excusa para justificar nuestro recurrente fiasco.

Pero lo de este año toca fondo. Por primera vez en mi vida confieso que me niego a verlo. No soporto que nuestros representantes se vanaglorien de su sentir y confesión en las antípodas de la deseable convicción y compromiso, dando voz a una nación como es la española, que no sienten.

Esos niños cantores, que ni me interesa saber la canción que cantan, no deberían participar en nuestro nombre. Su afinidad con los que pretenden destrozar el país que representan debería haberlos excluido… ¿de verdad hemos de pasar por esta humillación?.

Sugiero la conveniencia de poner un filtro, antes de seleccionar, que asegure la bondad de una decisión participativa como es ésta. Es puro sentido común. Para ir como español lo primero es estar convencido y sentirte como tal.

En dicha línea, ¡qué narices! ¡para chulos, nosotros!, considero que debería haberse convencido a una cantante como Marta Sánchez para que cantase el himno nacional con letra ante toda Europa. Al menos garantizábamos fiabilidad y, para una multitud de televidentes, se colmaría la satisfacción y motivación a la hora de sintonizar “La 1” el próximo sábado.

Javier Megino es vicepresidente de Espanya i Catalans y Plataforma por Tabarnia


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