Claroscuros entorno al nuevo President

A pesar de lo que digan los medios de comunicación, por boca de los políticos, a día de hoy no se sabe quién será el próximo presidente de la Generalitat. Una cosa esta clara. Las circunstancias y la sociedad han cambiado desde su marcha. Este hecho es constatable. Puigdemont huyó de la realidad y esta lo ha superado.

La sociedad catalana es la misma que durante los meses de septiembre y octubre de 2017, pero ha bajado la intensidad. ¿Qué intensidad? Posiblemente hoy no veríamos imágenes como la de los Jordis encima de coches de la Guardia Civil alentando a las masas a sublevarse contra el estado. Eso forma parte de un pasado. Tampoco muchas cosas se volverían a repetir. La lucha en si tiene un fin y cuando este no se consigue decrece y se olvida. Y siendo los realistas los independentistas movilizaron mucho, pero consiguieron muy poco.

Ninguno de los que estaba abducido por el procés, empezando por los políticos, consideraban que el Estado actuara. Creían que nadie tendría los bemoles de apretar el botón para desarticularlo todo. Y el botón se apretó y se llamaba 155. Y no es una imposición de Mariano Rajoy como algunos pretenden vender. El 155 lo aprobó el Senado de España con la mayoría absoluta del PP y el apoyo del PSOE y Cs, aunque algunos se desmarquen y no quieran acordarse. Es decir. Casi un 90% del hemiciclo dijo: “hasta aquí hemos llegado”.

Aquella decisión marcó a los políticos independentistas catalanes. Los dejó fuera de juego. Cuando no te esperas la reacción de tu “enemigo” pereces en la contienda. En el siglo XVIII se decía que el mejor espadachín no le tenía miedo al segundo, sino al que no sabía. Y aquí pasó lo mismo. El golpe de efecto fue tal que sólo se necesitó aplicarlo para desmontar aquella nube inflamada de mentiras.

Es respetable que algunos quieran la independencia. Es respetable que algunos piensen o deseen vivir en una república. Ahora bien, la realidad se impone. Cataluña forma parte de España desde la llamada Marca Hispánica. Dicho de otra manera, desde tiempo de Guifé el Pilós. La Marca Hispánica evolucionó y, en el 1521, con Carlos I, se institucionalizó Cataluña dentro de la Corona de Aragón. La realidad a veces e tozuda. Y lo es tanto que desmonta las mentiras o medias verdades de aquellos que quieren presumir o vender todo lo contrario.

El tiempo pone las cosas en su sitio. Las últimas encuestas son claras: la mayoría de los catalanes están hartos del procés. Están cansados de todo lo que está sucediendo. Están hastiados de la falta de entendimiento. Están deseosos de volver a la normalidad. La encuesta es clara. Les están diciendo a los políticos que se dejen de tonterías y empiecen a gobernar. Ya se intentó, se fracasó y ahora volvamos a la normalidad.

Por eso es complicado saber lo que pasará en las próximas semanas. Puigdemont y Marta Rovira viven en su mundo. Tienen un problema. Subordinan su pensamiento con la realidad y no se dan cuenta que han perdido el norte. A veces es bueno, y en tácticas de guerra se ha utilizado muchas veces, poner en primera fila a una serie de exaltados o guerreros feroces para abrir el camino. En España tenemos a los Regulares y a la Legión. Una avanzadilla de la infantería. Ahora bien, la guerra se gana con la artillería, el avance de la infantería y los contactos a alto nivel entre los líderes políticos y militares.

Esto por lo que respecta a una guerra. En el terreno político la evolución del llamado “procés” -que está muerto desde la aplicación del 155- consiste en desmovilizar a la sociedad. Ese fue uno de sus errores. Creyeron que el Estado se amedrantaría viendo miles de personas en la calle. Se equivocaron. A lo largo de la historia ha habido cientos de manifestaciones multitudinarias. Que la gente salga a la calle es significativo, pero no significa nada más. Cuando termina y la gente vuelve a sus casas todo ha terminado. Pueden marcharse satisfechos o no. Ahora bien, si los negociadores no hacen nada de poco servirá la manifestación.

Y esta es la clave de la cuestión. Los organizadores sabían perfectamente que de nada serviría. Que todo era un invento para tapar el 3% y otras corrupciones del partido que consideró Cataluña como su cortijo. Engañaron a la gente y, a diferencia de lo que decían muchos no ha pasado nada de todo esto. ¿Qué decía la gente? Los más dramáticos aseguraban que: “qué haremos con tanta frustración”. Otros: “cómo reconduciremos la situación”. Siempre se desprecia a la gente por el simple hecho que es manejable.

Tú puedes engañarlos durante un tiempo. Forma parte de la maleabilidad del ser humano. Ahora bien, no puedes engañar a todos durante mucho tiempo. El engaño tiene fecha de caducidad. Y si bien saben que los has engañado, no se frustran. Al contrario, el engaño se vuelve en contra y has perdido la guerra, no la batalla.

Por lo tanto, con un 155, con una desafección popular, con unos políticos marcados por ir o no a la cárcel, por la demostración delante de los tribunales de una mentira, por todo ello, es complicado saber cómo saldremos de esta. ¿Habrá nuevas elecciones? ¿Tendremos president? A la segunda podemos contestar afirmativamente y a la primera también. Ahora quizás no, pero en breve si porque son necesarias para restablecer el status quo. ¿Quién será el president? Eso el tiempo nos lo dirá. Lo cierto es que no se llamará Carles Puigdemont.

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