El servicio de Rodalies vuelve a ser el escenario de un despropósito político que afecta a miles de ciudadanos. Este jueves, el Govern de la Generalitat aseguró que la red ferroviaria recuperaría la normalidad tras el temporal. Sin embargo, la realidad en los andenes ha sido radicalmente distinta: trenes parados y estaciones llenas de pasajeros frustrados.
La gestión de la crisis ha quedado en entredicho tras las duras acusaciones del sindicato SEMAF. Los maquinistas sostienen que el anuncio oficial de reapertura fue una maniobra consciente y carente de base técnica. Según los trabajadores, el Ejecutivo sabía perfectamente que el servicio no se podía reanudar por falta de seguridad.
Diego Martín, secretario general del sindicato, ha sido tajante en declaraciones a 3catinfo al denunciar la falta de rigor del Govern. Los conductores exigen una auditoría completa de las infraestructuras antes de volver a ponerse al mando de los convoyes. Sin ese informe de seguridad, que certifica el estado de las vías, el riesgo para los pasajeros es inasumible.
La desconexión entre el relato oficial y la operatividad real es alarmante. Mientras el departamento correspondiente lanzaba mensajes de optimismo, los representantes del gremio seguían esperando los resultados de las inspecciones. La Generalitat decidió priorizar el titular político sobre la seguridad técnica de la red de transporte.
El resultado de esta precipitación ha sido un desplante masivo en los puestos de trabajo. De una plantilla de 140 maquinistas, apenas seis se han presentado este jueves por la mañana. Esta cifra evidencia que la confianza entre los trabajadores y la administración catalana está totalmente rota tras este último episodio.
Los operarios insisten en que no se trata de una huelga encubierta, sino de una cuestión de prudencia elemental. Tras el temporal, es necesario comprobar que no existan obstáculos o daños estructurales en las rutas. Sin trenes exploradores que validen cada kilómetro, ningún profesional está dispuesto a asumir la responsabilidad de un posible accidente.
Resulta incomprensible que una administración pública juegue con las expectativas de quienes dependen del tren para trabajar. Muchos usuarios acudieron a las estaciones confiando en la palabra de sus gobernantes, solo para encontrar las persianas bajadas. Es una muestra más de la gestión deficiente que arrastra el sistema ferroviario en Cataluña.
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