Parece evidente que, a pesar del interés desmedido por desviar la responsabilidad y buscar algo debajo de las piedras que le exonere –tal y como ha aprendido del número uno en su ansia sin escrúpulos por localizar apoyos parlamentarios para sus ocurrencias-, la verdadera culpa de lo sucedido con los ferrocarriles en España debería tener su foco puesto en el bufón tuitero de este Gobierno de pacotilla.
El impresentable ministro de los troncomóviles no se plantea dimitir y abandonar un cargo que le supera y para el que no sirve, tras aventurar una mejora en la velocidad de los trenes apelando a las magníficas infraestructuras que tenemos en España y verse condicionado por toda la miseria que lleva asociado este gobierno desnortado y mentiroso. Unos gobernantes que dejan de lado gastos necesarios que salvan vidas, como puede ser el de mantenimiento de la red ferroviaria, para mostrarse únicamente interesados en distribuir los recursos pensando en mantenerse en el poder y dar coba a los que le interesa o conviene.
En este sentido, en referencia a la cesión de competencias pactada con el separatismo catalán que incluye el servicio de Cercanías, que no esperen los usuarios de esta comunidad alguna mejora, a sabiendas de que las inversiones han servido, como ya hemos vivido, para ver los convoyes repintados del rojo al naranja o ser todo renombrado de Cercanías a Rodalies, con nulo efecto en la seguridad, comodidad, puntualidad o servicio.
Tras lo sucedido, y con los maquinistas en pie de guerra para quejarse de un deterioro evidente que no ve el ministro absorbido por sus tuits y su función de bufón del Régimen, le ha tocado a éste asumir la realidad y pedir que se ralentice el tránsito por unas vías que nos devuelven, por la dejadez y falta de inversiones, al tercermundismo.
La respuesta social ante todo este deterioro parece que se demorará, al menos hasta que se produzca un cambio en los responsables del Gobierno y se vea la lógica interesada y electoralista de las manifestaciones o caceroladas. Los manipuladores de los sindicatos, junto a toda la sarta de movilizadores sociales y mediáticos, que tan bien controla el poder actual, no van a activarse mientras estén gobernando los que les llenan la barriga. Una permisividad estratégica que les convierte en cómplices de este nauseabundo y sectario gobierno actual.
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