En Vic tenemos un templo romano cuya preciosa fachada (frontispicio y seis columnas de base jónica y capitel corintio) guarda parecido con la del Palacio de las Cortes -sin leones- y con la del Panteón de Agripa en Roma -con menos columnas-). Ya sé que las comparaciones son odiosas, y más según en qué contextos, pero me anima que paisanos míos han sido diputados en el Congreso y que hubo un tiempo en que alrededor de nuestro templo se hablaba latín (que no era, desde luego, la “lengua propia”, pero dio paso a todas las románicas, catalán incluido).
Curiosamente, diecinueve siglos tiene el espectacular templo y diecinueve meses tienen los espectaculares videos en que podemos ver cómo, antes de las últimas elecciones generales, Salvador Illa negaba que fuese a haber amnistía para los golpistas catalanes, pero luego la apoyó en aquellos desquiciados términos y ahora pide que sea total (¿cambio de opinión, o de principios?). Mire, cuando a uno las hemerotecas le resultan también odiosas es precisamente porque permiten comparaciones que no desea que se hagan.
No sorprende a quienes, desde hace tiempo, ya no nos engaña (tampoco su amigo Pedro Sánchez). Antes de las últimas elecciones autonómicas, algunos firmamos un manifiesto desaconsejando votar al PSC porque Illa no podía venderse como un candidato constitucionalista que iba a superar el independentismo, ni adornarse de monsergas similares. De hecho, si el independentismo sigue aún vivo (sólo 28.000 asistentes a la Diada 2025 en Barcelona) es en buena parte por la respiración asistida que le van dando (ellos dos y otros) con tal de aferrarse al poder, aunque sea sin presupuestos, ni en Barcelona ni en Madrid.
¿Dónde quedaron las promesas electorales de una nueva etapa de ilusión y esperanza para Cataluña, que sería de todos y para todos, comprometida con una España moderna y plural; lo de pasar página porque no tenía recorrido el camino unilateral emprendido por el procés, que había llevado al descrédito; lo de un futuro de reencuentro, la sociedad cohesionada y solidaria de puertas adentro y afuera; sin vetos ni exclusiones a nadie, venga de donde venga, piense lo que piense, hable la lengua que hable; lo de dejar de subrayar diferencias, etc.?.
Me parece que Illa sigue en realidad la estela de Pujol: mostrar respeto a la Corona y resto de instituciones del Estado, pero incubar genuino nacionalismo (es otra vez lo de “¡Avui paciencia, demà independencia!”). A la amnistía total, añada usted la financiación singular, la batalla de la “lengua propia”, una Hacienda tan propia como la lengua propia… y lo que haga falta… O sea, que viene siendo más de lo mismo (tanto monta, dicen otros).
Ojalá se recupere pronto, salga del “valetudinarium” (hospital), vaya a Vic y tropiece con un romano espabilado que le recuerde que no hay que confundir “renovatio” con “reiteratio”.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.

















