Decía Joseph Ratzinger, uno de los Papas con mayor brillo intelectual en la historia reciente de la Iglesia Católica, que la verdad y la libertad, son indisociables y que el mayor enemigo de ambas es el relativismo. Para el relativismo no existen los conceptos de verdad o mentira, sino que éstas se hacen a medida de los deseos o necesidades de cada uno. Mi verdad, tu verdad… Todo es posicional, depende de intereses particulares.
Así, no hay una medida común de lo que es verdadero o falso. La noción de bueno o malo se confunde y nos lleva por manipulación e ignorancia, a un error que nos limita y empequeñece. Ello nos hace más débiles y sumisos, ante farsantes que dicen representarnos, pero que se alimentan de nosotros como sanguijuelas aferradas a una herida sangrante. No hay espacio donde la ausencia de verdad ocupe un lugar tan destacado como en la política.
En medio de la confusión interesada y provocada, cuando ya no nos podemos agarrar ni a las palabras, porque las han subvertido y pierden sentido y esencia, es bueno acordarnos de la etimología. Ella nos permitirá remontarnos al origen de las palabras, sacándoles la costra y las adherencias que han recogido con el paso del tiempo.
Pocas palabras se han degradado tanto desde su significado original, como la Política. Formada por la voz Polis: ciudad estado y Ética: modo de hacer las cosas. Desde Aristóteles, la Política fue el verdadero arte de vivir en sociedad.
Pero para nuestra desgracia, aquellos que fueron elegidos para velar por el bien común, han devenido en un atajo de filo-delincuentes, mendaces y embusteros. Dedicados a tiempo completo en demoler cualquier reducto de decencia que resista en nuestra sociedad. Todo está en entredicho: la familia, la religión, la seguridad, la propiedad, la existencia de la Nación o la vida.
De nada nos sirve mirar el calendario esperando nuevas elecciones, mientras a nuestro alrededor todo se pudre. No es época de reformas domésticas y matices más o menos bien intencionados, que acaben consolidando los atropellos de los social-comunistas y sus insaciables socios. No hay tiempo para pasar página, hemos de cambiar de libro.
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