
La gira del retorno de Jordi Cañas a la política activa ha sido como las de Miguel Ríos. Cuando ves al músico granadino encima del escenario te preguntas si alguna vez se ha retirado, que es la misma impresión que uno siente cuando escucha al azote del secesionismo hecho carne en un mitin. Sabes que durante un tiempo no ha estado ahí, pero ni te acuerdas cuando fue, ni se nota que eso pasó.
El «Rock&Cañas» de esta primavera electoral ha sacado lo mejor del enemigo dialéctico más certero, e implacable, que ha conocido el supremacismo secesionista. Durante su retiro provocado por una imputación que se acabó archivando muchos le echamos de menos. Su vuelta ha sido a lo grande y demostrando que a algunos el barbecho le sienta bien. La cosecha de este año ha sido más abundante y próspera que nunca.
Tanto lo ha sido que se ha paseado por media Cataluña, y por otros rincones de la piel de toro, apoyando a diestro y siniestro a un buen número de candidatos municipales de Ciudadanos. El último día de campaña se reunió con buena parte de los alcaldables del área metropolitana, para una instantánea que corrió por las redes como la pólvora, y en la que los dirigentes locales presumían de estar junto a su particular ‘primo de Zumosol’.
La foto se hizo en L’Hospitalet de Llobregat, ciudad en la que Miguel García aspira a desbancar a la actual alcaldesa, Núria Marín. La socialista es más que favorita para ampliar su mayoría simple (el PSC tiene 11 de 27 regidores), aunque el candidato de Ciudadanos también lo es para aumentar los cuatro concejales que actualmente tiene en el pleno municipal.
El antecesor de Marín en la alcaldía, Celestino Corbacho, ahora es el número 3 de Manuel Valls en la lista de Barcelona, y ha apoyado de manera explícita a Miguel García, del que es amigo personal. Pero el ex presidente del ‘Hospi’, que es hombre de experiencia, ha decidido utilizar el comodín de la llamada. En este caso de la llamada a Jordi Cañas que, encantado de volver a ser el deseado del área metropolitana, se prestó gustoso.
Para placer de sus seguidores, que son muchos en Cataluña y en España entera, a Cañas le espera una carrera tan larga como la de Miguel Ríos. Los viejos rockeros nunca mueren, sobre todo cuando están lejos de ser viejos y sus giras no huelen a despedida, sino a pura dinamita acústica.
Por Sergio Fidalgo
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