Bomberos y pirómanos

Los bomberos independentistas han dado mucho de qué hablar últimamente. La manifestación separatista de Bruselas contó con la presencia de un nutrido grupo de ellos, que aprovechó el viaje para donar sangre en un centro de salud de la capital belga. Para dejar testimonio de su voluntad publicaron el siguiente mensaje en Twitter: “En Bruselas decimos que el proceso independentista es y será siempre no-violento y pacífico. No derramaremos una gota de sangre por la República Catalana: es demasiado valiosa. Eso sí, la daremos! ¡Qué la única sangre derramada es la que ayude a salvar vidas!”. Junto al horrendo texto, escrito sin duda por una víctima del “modelo educativo de éxito”, se veían algunas fotografías de los bomberos luciendo sus cascos y uniformes de trabajo. En los días siguientes, supimos que algunos turnos de trabajo habían quedado descubiertos como consecuencia del viaje.

El “gesto” de los bomberos no es nada nuevo, y tampoco es el más grave que han protagonizado. Pocos días antes del simulacro de referéndum del 1-O, los bomberos de la Generalitat desplegaron una enorme pancarta en un edificio histórico de Barcelona con el lema “Love Democracy”. Sus colegas de Barcelona, por su parte, se ofrecieron a la ANC como “cordón de seguridad (sic) a fin de garantizar el desarrollo pacífico de los actos”. En aquel aciago mes de octubre vimos a bomberos participar en las concentraciones y enfrentarse a la policía vistiendo su uniforme de trabajo. En La Seu d’Urgell llegaron a utilizar un vehículo de emergencias para participar en el escrache a los agentes de policía que se hallaban hospedados en un hotel.

El caso de los bomberos, como el de algunos Mossos de Esquadra, ha causado una enorme inquietud e indignación: profesionales equipados con uniformes, vehículos, herramientas y armas se han puesto de parte de una ideología, apoyando de forma descarada actividades ilegales prohibidas por los tribunales. Pero no es un caso aislado ni debería sorprendernos: forma parte de la patrimonialización que el nacionalismo hace de las instituciones desde hace años. Su máxima expresión se da en la educación, en donde la “construcción nacional” se considera el objetivo supremo. La colaboración de una parte importante de los profesores ha sido clave para difundir la “buena nueva” nacionalista, llenar las manifestaciones, asegurar el éxito de las huelgas patrióticas y la apertura de los colegios el 1-O. Algunos docentes han protagonizado escenas lamentables de abuso de poder y adoctrinamiento infantil a cuenta de los recientes sucesos políticos.

Estamos tan acostumbrados a este tipo de abusos, a esta confusión entre lo público (las instituciones y servicios que pagamos todos) y lo privado (la ideología nacionalista) que casi nadie protesta por los mismos. ¿Por qué los nacionalistas son una mayoría aplastante entre bomberos, profesores, mandos de los Mossos y muchos otros estamentos de la sociedad catalana, aunque no llegan al 50% en el conjunto de los ciudadanos? ¿Por qué hacen ostentación de su ideología, y ponen su poder y los recursos públicos al servicio de la misma? El nacionalismo ha llevado a cabo una constante labor de ingeniería social destinada a asegurar su hegemonía en sectores clave y en la función pública. A los pirómanos nacionalistas no les ha importado alienar a una gran masa de catalanes y fracturar a la sociedad. Revertir esta situación, creando instituciones neutrales que nos representen a todos, es una necesidad imperiosa si queremos convivir en paz y democráticamente.

Juan Arza

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