Artículo decimosexto: sobre la propaganda independentista

Hacer propaganda política supone hacer comunicación hacia un colectivo determinado para que acabe pensando de un modo determinado; esto equivale a decir que no se informa de modo imparcial sino sesgado, en formas y grados diversos. Supone también, frecuentemente, emplear un amplio despliegue de medios y repetir al máximo los mensajes para asegurar los efectos buscados.

Lo primero que se le ocurre hacer al propagandista es transmitir su “información” de una forma selectiva: insiste en lo que interesa y omite cuanto lo desmiente, estorba o simplemente distrae (una especie de sesgo de confirmación –mi artículo segundo– plenamente consciente y orientado hacia el colectivo que pretende manipular).

Como es obvio, nada de esto tiene que ver con la razón sino con la emoción que se busca crear, mantener o aumentar, en el colectivo objeto de la propaganda. Es como un arma de guerra: se emplea la fuerza y no necesariamente la razón; el sentimiento y no el intelecto; se pretende crear opinión y no informarla; el foco es un interés y no siempre la verdad… El mensaje puede incluso no ser falso del todo; es más: así conviene, porque resulta de mayor utilidad que una mentira (más limpiamente rebatible) una media verdad, o algo sin contrastar, o muy dogmático… ya sabe usted…

La propaganda política emplea falacias (para alterar el razonamiento lógico de la consciencia) y técnicas de persuasión (para alterar las emociones del subconsciente).

En España, vacunados ya por las severas y repetidas críticas a los “NODOs”, deberíamos estar en condición de darnos cuenta de algunas manipulaciones, al menos las más burdas. Durante años, he estado observando la tendenciosa propaganda de los secesionistas –no descubro nada nuevo- hecha desde medios como TV3 y El Punt/Avui (alguna vez incluso cuando informan de algo que, stricto sensu, no forma parte del “procés” como es el caso de las olimpiadas de 2016, cuyas crónicas seguí –escandalizado- día a día, de principio a fin).

Como sé de antemano que habrá quien me discuta si es o no “propaganda política” lo que hacen, dejaré que lo juzgue usted mismo tras haber examinado el paralelismo que le propongo con los conocidos once principios que estableció Goebbels, famoso experto en el tema; en el buen entendimiento de que tal paralelismo no es sobre ideologías sino sobre las técnicas de lo que es un aparato de propaganda política, tal cual; no se me alarme usted, que le veo venir…:

1.- Principio de simplificación y del enemigo único. Lo primero que salta a la vista es la existencia de un enemigo que en este caso se llama “Estado español”, poseedor –parece- de una maldad reconcentrada y empeñado en impedir el normal desarrollo de Cataluña y en humillarla lo más posible. A veces, se disimula la acusación mencionándolo por vía indirecta al referirse concretamente a un ministerio o cargo público de la administración estatal; pero ahí queda la gota en la estalagmita…

2.- Principio del método de contagio. En ese mismo saco del Estado español, se mete: al Gobierno de España, al Jefe del Estado, al Partido Popular y demás partidos llamados “sucursalistas”, al Congreso y al Senado, a los jueces, a los catalanes llamados “españolistas” o “unionistas” –como asociados o como particulares-;  y, desde que ya se han convencido de que no son aliados, a los mandatarios de la Unión Europea, así como a cualquier otro que no favorezca las tesis secesionistas (si repiten la jugada, cabrán también en este saco los catedráticos de Copenhague).

3.- Principio de la transposición. Los recortes sociales en Cataluña se producen –dicen- por culpa del expolio fiscal al que le somete el Estado; las empresas se van porque el Estado lo facilita; el nombre de España se evita salvo que aparezca asociado a corrupción, ineficacia, noticias pesimistas, advertencias de Bruselas, etc., de todo lo cual se da debida cuenta; los presidentes de USA dicen preferir una España unida pero, lejos de molestarse, los independentistas se alegran ya que creen ver cómo se constata que “el conflicto se está internacionalizando” (“que ya hablan de nosotros, oiga”, “ya nos sitúan en el mapa”… etc.); se informa de noticias culturales relacionadas con Cataluña y de ninguna de fuera; se informa de pequeños rescates de inmigrantes en el Mediterráneo hechos por ONGs en las que se esfuerzan dignísimamente algunos catalanes, pero sin mencionar nunca la mayor labor que desarrollan las Fuerzas Armadas en el mismo mar desde el principio; casi todas las personas entrevistadas hablan catalán pero en una noticia de barrio, pongo por caso, el afectado por algo malo, el propio malo o el ignorante suelen expresarse en castellano, mientras que el que aporta la solución es casi siempre catalanoparlante, casualmente; etc. etc. (subliminal, ¿no?… más gotas a la estalagmita…).

4.- Principio de la exageración y desfiguración. Por los límites normales que traspasan, se producen a menudo en el ámbito humorístico, como los chistes sobre los míticos carros de combate entrando por la Diagonal de Barcelona. Pero no solamente: también se observan en forma absolutamente seria: un alarmante convoy militar de media docena de camiones circulando por un tramo de la A-2 ¡en dirección a la capital!; un par de aviones F-18 ¡nada menos que españoles! sobrevolando alguna parte del territorio de la pretendida república; o las inconexas acusaciones de Marta Rovira al Gobierno de España diciendo que les había hecho llegar la amenaza de que iba a haber “muertos por las calles” si se llevaba a cabo el referéndum del 1-O; etc. La novia “exageración” y el novio “ridículo” hacen buena pareja… hasta que la muerte los separa cuando éste mata a aquélla.

5.- Principio de la vulgarización. No puede negarse el populismo inserto en la propaganda política (“Il va de soi”, diría un francés), apelando a emociones básicas, sin argumentos y sin que importe la falta de coherencia gracias a que la masa olvida muy fácilmente, prometiendo lo que se sabe imposible; diciendo simplemente lo que se quiere oír. Hay que añadir no pocos eslóganes fabricados con ambigüedad calculada para que sean válidos tanto para lo inocuo que parecen anunciar como para lo que inducen a pensar con respecto a la fase del “procés” que se está viviendo; son del tipo “estamos preparados”, “despierta Cataluña”, “tú decides”, etc. (sé que hay bastantes más –o, tal vez, yo esté obsesionado- pero no los he ido apuntando y los he olvidado, como masa que soy también). En algún momento me han hecho temer (para que vea que yo también sé exagerar con humor) que jugasen un papel parecido al de las cuatro primeras notas de la quinta sinfonía de Beethoven en la 2ª Guerra Mundial, o al Grândola Vila Morena de la vecina Revolución de los claveles.

6.- Principio de orquestación. El secesionismo ha sido (y es) incansable desde el principio empleando, además, mensajes directos repetidos infinidad de veces desde las fuentes oficiales, incluyendo las asociaciones independentistas que se sientan en la mesa redonda de la Generalitat, y desde las bocas de los entrevistados a pie de calle, que no saben sino repetir lo mismo con las mismas cansinas palabras (de esto hablé ya en otro artículo). Ejemplos más conocidos pueden ser: ahora paciencia y mañana independencia, España nos roba, una sola lengua y un solo país, ahora es el momento, votar es democracia, no nos dejan votar o nos pegan por votar, tenemos derecho a decidir, tenemos un mandato del pueblo, ya no es cuestión de independencia sino de democracia, ya no es cuestión de democracia sino de supervivencia, lo haremos sí o sí, hay que dialogar, somos distintos de los españoles y nosotros sí que somos pacíficos, las calles serán siempre nuestras, los bomberos también, libertad para los presos políticos, esta vez sí que sí, fuimos y estamos ocupados por las armas, somos una colonia, etc.

7.- Principio de renovación. El nivel de acusaciones al Estado ha sido alto y creciente; a buen ritmo y muy variado para que llegasen siempre tarde las demostraciones de falsedad o tergiversación. Llevar la iniciativa, la voz cantante, ante la pasividad del elefante estatal, siempre como desentumeciéndose a tenor de las circunstancias; ha sido una constante que no necesita demostración.

8.- Principio de la verosimilitud. El uso de “globos sonda” es un conocido truco de los políticos en cualquier sociedad, la catalana no iba a ser menos; pero implica una intencionalidad difícil de demostrar por su naturaleza. Asimismo, la diseminación de informaciones fragmentarias hay que considerarla normal puesto que, incluso de modo involuntario, las partes suelen ser conocidas en momentos distintos por lo que van sucediéndose unas a otras y también es difícil demostrar que a veces se tienen y administran esperando, por ejemplo, una metedura de pata del adversario para reatacar. Lo más parecido que he podido observar, ya que no demostrar, es la repetida aparición de líderes antes del 1-O justificando (¡en comparecencias informativas!) no estar dando las muy completas explicaciones que podrían dar sobre planes A, B, C –y, una vez, hasta D- para “no facilitar pistas al Estado”, dada la insoportable presión que se estaba ejerciendo sobre ellos, y reclamando por tanto la natural comprensión del pueblo, que indudablemente les perdonaría todo en tan difíciles circunstancias…

9.- Principio de la silenciación. No sólo se han silenciado asuntos sobre los que se ha carecido de argumentos, sino que se ha osado otras veces ponerlos (desnudos, claro) sobre la mesa; ejemplos notables han sido los temas económicos, los relacionados con el ordenamiento jurídico internacional que les respaldaba (siempre mencionados y nunca concretados), los del apoyo político internacional que se esperaba o se decía que se iba obteniendo, los relativos al comportamiento seguro de la UE con respecto al nuevo Estado europeo (aquí hubo, incluso, negación de lo que la propia UE venía diciendo y decía) y sus vacíos legales que todo lo permitirían; la clara aprobación que iba a dar la Comisión de Venecia, etc. etc. (y antaño hacíamos chistes sobre el aislamiento internacional del franquismo…).

10.- Principio de la transfusión. La propaganda se ha basado en el terreno largamente abonado por el pujolismo, a fuego lento desde 1980 (siguiendo el “Programa 2000 – Estrategia de la recatalanización”). Incluye, usted sabe, el mito de una Cataluña soberana y democrática hasta que España, o Castilla (a veces no se aclaran), autoritaria y vil, la derrotó y ocupó, y sigue ocupando, por las armas además de asfixiando económicamente, con lo que el odio a lo español está justificado (o, al menos, la resistencia… desde la ficción de una Cataluña por completo ajena a España). Hemos llegado: ésta es la gran estalagmita, ya formada, sobre la van cayendo las nuevas gotas.

11.- Principio de la unanimidad. La repetición hasta el aburrimiento de que el pueblo catalán es monolítico, homogéneo, uno solo (“un sol poble”); que da claros mandatos sus líderes (consistentes, casualmente, en lo que éstos quieren ya antes de preguntar); de que todos los catalanes piensan del mismo modo (negando así una pluralidad que ahora ya no puede taparse bajo la alfombra); la celebración de manifestaciones y otros llamativos espectáculos con masiva participación; la reclamación de carácter plebiscitario para votaciones que no lo tuvieron, con ingeniosos –eso sí es verdad- cómputos, etc. Más goteo…

Aquí tiene el enlace a mi artículo anterior. La semana próxima le invitaré a pasar la tarde relajadamente en el circo.

Por Ángel Mazo

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